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El país de las maravillas

Un relato con altura

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Mario Morales
14 de febrero de 2024 - 02:05 a. m.
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Allá afuera debemos dar risa. La exaltación en redes sociales, titulares exagerados y declaraciones rimbombantes y autovictimizantes de cada uno de los actores de esta lucha por el relato en la que se encuentra el país dan para pensar que, como un péndulo, oscilamos entre el Estado de opinión, el de indignación, pero sobre todo el estado de confusión.

Decía Richard Sennet que la política ha sido actuación teatral desde sus comienzos. Solo que aquí se impone, por momentos, el melodrama. Desde los registros mayestáticos de las batallas de independencia, sabemos que los hechos importan más por lo que sugieren y significan que por lo que fueron.

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Eso podríamos decir de los recientes acontecimientos en la Corte Suprema, que algunos interesados en esa confusión, como Vargas Lleras, llegaron a calificar de asonada y no pasaron de movimientos improvisados de unos cuantos desorientados. Eso no fue lo preocupante. Lo realmente grave es la interpretación que le dan a ese y a sucesos previos y posteriores todos los actores del reparto. Comenzando por eso que llaman institucionalidad, concepto que ya “pordebajió” el fiscal saliente, cuando se autoproclamó como su encarnación. Otros lo asocian a instituciones, a poderes públicos…

Nada que ver con esa idea iluminadora de acuerdos sociales (de todos) con la garantía de estar bien representados, la guía de los derechos ciudadanos y la hoja de ruta de adecuada organización en lo público, como rezan los textos.

En esa pugna desvergonzada por contar la historia entre el gobierno y la oposición deben aparecer instancias mediadoras emanadas de la sociedad civil para morigerar las bajas pasiones, pero se debe notar especialmente el periodismo, que se ha dejado insuflar de rabias y exageraciones contando una historia hoy y otra cuando se disipa el humo de las batallas retóricas de los contendientes.

Se equivocan primero gobierno, opositores y oportunistas en esta era del furor, pero los imitamos en el periodismo cuando tomamos bando en la información y somos sectarios en la opinión; peor aun, las confundimos. Depende de eso que el caos que vivimos y narramos sea una confusa opereta o el relato de una nación que lucha por serlo.

@marioemorales

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Oscar(36876)15 de febrero de 2024 - 04:07 p. m.
Mario. Cada día mas de las bodegas del gobierno que tristeza. La mención de manera desidiosa de tu parte en la columna es de llorar. Más allá de los fines (soterrados) que tiene el gobierno para presionar la elección del fiscal no pueden ser de recibo. Minimizar el hecho del 08.02 es de una torpeza única. No se trata de si impidió o no la salida de los magistrados, se trata de que el simple hecho de forzarlo es un acto poco democrático por parte del que debiera protegernos a todos. Reflexiona.
Edgard(u2qq3)15 de febrero de 2024 - 01:38 a. m.
Excelente.
Alberto(3788)15 de febrero de 2024 - 12:24 a. m.
Muy buena.
Fernando(70558)15 de febrero de 2024 - 12:11 a. m.
La confrontación de "relatos", verdades y mentiras, "refutadas" unas y otras, no es más que el interés por ocultar la verdad de fondo, que es la lucha de clases por el poder del Estado, que hoy ostenta con ventaja la alianza de las clases acaudaladas y la mafia. El teatro, es para ocultar eso, pero el resultado de la praxis política lo vemos en los asesinatos de líderes, la muerte de niños por hambre, la violencia callejera por la subsistencia, el desempleo, la pobreza ....
Alexis(59123)14 de febrero de 2024 - 07:36 p. m.
¿Esperamos que hayan heridos o muertos para decir que un evento es grave? Eso es Colombia.
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