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Un pacto contra la austeridad

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Mario Valencia
05 de junio de 2021 - 05:01 a. m.
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En momentos en que abundan las buenas ideas sobre el proceso de reactivación económica que debe emprender Colombia, vale la pena aportar en el debate sobre la inconveniencia de persistir en el control de la inflación como objetivo de las medidas económicas actuales. Es cierto que en la década de 1980 fue un problema muy grave en América Latina, pero hace 30 años que la región, con excepción de Venezuela, no presenta fenómenos de hiperinflación.

En las actuales circunstancias, la pandemia revivió la necesidad de inyectar abundantes recursos públicos para remediar la caída de la capacidad de gasto e inversión privada tras los prolongados confinamientos. Aunque se reabra el mercado, lo cierto es que poner a funcionar nuevamente la máquina económica implicará abundantes flujos de recursos. Por esa razón, pensar que la reactivación se dará solamente con movimientos de tarifas de impuestos en el interior de una economía en recesión, no es pensar con audacia.

Uno de los problemas de fuentes de recursos radica en que las restricciones creadas por medio de la política monetaria, usadas para controlar la inflación, ahora impide una mayor actuación de los bancos centrales en proveer la liquidez necesaria a los gobiernos para ser canalizada en gasto e inversión pública. La inflación no es un riesgo hoy en día, pero los bancos centrales siguen comportándose como si lo fuera.

La crisis sería menos grave si el Estado tuviera más posibilidad de acceder a recursos sin deuda por medio de la emisión o el uso de sus reservas. Colombia tiene más de siete meses de reservas internacionales, cuando los parámetros del Fondo Monetario Internacional le aconsejan mínimo tres meses. A pesar de que esos recursos crean cierta apariencia de estabilidad macroeconómica, la verdad es que tener ese dinero en el extranjero no aportará mucho a la reactivación interna. Cada mes de reservas adicionales que acumula el país en bancos foráneos a bajas tasas de interés significa unos $11,5 billones que no tiene para invertir en sus necesidades sanitarias, sociales, de empleo e inversión.

Por ende, la única opción, a menos que se modifique la visión monetarista prevalente, es acceder a préstamos no concesionales que generan un límite en la forma tradicional de medición de la deuda sobre el producto interno bruto, que obliga a adoptar medidas de austeridad fiscal e impide incrementar sustancialmente el gasto público en necesidades sociales y de inversión.

Otro camino es viable, se sabe. Los países desarrollados lo hacen y debería considerarse seriamente como una medida complementaria a una reforma fiscal profunda que corrija las distorsiones creadas por los mismos gobiernos para recaudar menos impuestos a los más ricos, así como para asegurar una orientación de esos recursos más eficiente.

Mario Valencia

Por Mario Valencia

Docente de economía de las Universidades Nacional y Cesa.
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javier(96673)06 de junio de 2021 - 04:06 a. m.
Sí señor. Petro hace rato propuso echar mano del recurso de la emisión.
usucapion1000(15667)06 de junio de 2021 - 01:30 a. m.
Parece ser lo más sano acudir a las reservas, en eso estamos holgados, combinando la medida con una distribución más equitativa de impuestos, q´ paguen más quienes más tienen y se han lucrado más del país. Pero me imagino q´ este gobierno entreguista tratará primero de resolver la situación económica de EE.UU antes que la nuestra, poniendo nuestra economía a la Carta de lo q´ allá les convenga.
  • usucapion1000(15667)06 de junio de 2021 - 01:32 a. m.
    Muy buena columna, Mario. Gracias por poner el debate sobre la mesa.
María(60274)06 de junio de 2021 - 12:15 a. m.
Excelente análisis, pero ellos siguen empeñados en que ellos son los únicos que tienen necesidades que la demás gente no, que ellos son gente de "bien" aunque uno no sabe esa palabra de qué es sinónimo, porque hacen de todo, menos el bien.
Mario(16018)05 de junio de 2021 - 08:57 p. m.
Pero quién le hace entender a nuestros economistas esa estrategia viable para estos tiempos de crisis. Basta con recordar al siniestro ministro Bonos de Agua, quien debe estar seco de la risa esperando su nuevo puesto en la banca Internal. después de dejar al país en ascuas.
Roberto(18501)05 de junio de 2021 - 05:10 p. m.
Ojo al último párrafo, por ahí es la cosa, empezar a cobrar una tasa justa a los dueños de los grandes capitales, no pueden seguir tan campantes sin pagar nada.
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