21 Aug 2021 - 5:00 a. m.

La paradoja del proteccionismo colombiano

En junio de 1937, Alfonso López Pumarejo le dio una entrevista a la revista El Mes Económico y Financiero en la que insistía que los industriales –altamente protegidos de la competencia en toda la historia económica colombiana– debían comprarles a los agricultores colombianos. En pocas palabras, López Pumarejo les dijo que debían tomar un baldado de su propia medicina.

El entonces presidente señaló que esa posición iba “contra el concepto muy decidido de los industriales”, quienes, casi sin darse cuenta, formaron una escena bastante paradójica. Estos empresarios, que mantuvieron sus privilegios por décadas limitando el comercio con aranceles para proteger “la industria nacional”, ahora se oponían a que el gobierno protegiera la agricultura nacional con aranceles al algodón importado.

Es decir, los industriales querían capitalismo para comprar barato y mercantilismo para vender caro. Sacrificar al consumidor cuando ellos venden y protegerlo cuando son ellos los que compran.

La cruzada contra los industriales puede parecer un poco desproporcionada –así lleven más de un siglo exprimiendo a los consumidores colombianos–, pues ese siempre ha sido el razonamiento inherente a buena parte de la opinión pública colombiana. En el siglo pasado, los liberales y los conservadores se peleaban por el crédito de cuál era el partido más comprometido con el proteccionismo; en este siglo tenemos a Álvaro Uribe y a Jorge E. Robledo unidos, protegiendo a los taxistas de la innovación tecnológica y a los industriales del comercio internacional. Toda una historia de una clase política apadrinando a unos pocos productores que la financian y sacrificando a muchos consumidores a quienes no les rinde el sueldo.

Lo curioso es que entre un siglo y otro tenemos la Constitución de 1991 y unos esfuerzos grandísimos por internacionalizar la economía que hoy han demostrado ser un fracaso. Así lo reconoció Carlos Caballero, uno de los reformistas del gobierno Gaviria encargados de insertar a Colombia en el comercio global. También lo describió así Juan José Echavarría en su libro publicado por el Banco de La República. Ahora, más recientemente lo señaló la Misión de Internacionalización liderada por Daniel Gómez de Planeación Nacional. La triste verdad es que la economía colombiana está hoy igual de aislada del mundo como lo estaba hace 30 años.

Según esta Misión, los datos muestran que las empresas del sector manufacturero en Colombia que más dinero ganan y más márgenes tienen son menos productivas en la operación e invierten menos en tecnología. Eso sí, son las que tienen más barreras a la competencia. Parece que en 80 años no hemos superado la discusión que tuvo López Pumarejo del proteccionismo.

Más allá de los grandes perjuicios a los consumidores que tienen que comprar más caro y vivir con menos, lo peor de este entramado institucional es el mensaje que envía: en algunos sectores, Colombia no recompensa la inversión en tecnología, ni la innovación, ni la productividad, ni el ingenio empresarial. Si un productor quiere ganar más plata, le va mejor usando sus recursos para financiar políticos que le prohíban la competencia, así esto perjudique a los clientes que se supone debe defender.

Por fortuna, la Misión también nos da las herramientas para solucionar el problema: es hora de empezar las reformas, el retraso es solo de 30 años.

Nota. Las empresas son el motor del desarrollo y hay que defenderlas, pero su legitimidad viene de que se sometan a la competencia. Un primer paso es que los empresarios de tecnología rechacen la proposición draconiana del Centro Democrático que vuelve imposible las compras en Amazon de menos de 200 dólares. Al fin y al cabo, no es ético perjudicar a los consumidores a quienes uno pretende servir.

@tinojaramillo

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