La información sobre la entrada al fentanilo viene de mucho tiempo atrás, cuando algunas ampolletas que se usarían para procedimientos quirúrgicos se “desviaban” al mercado negro, pero esto era esporádico; ahora se están importando insumos para una producción un poco más masiva. Petro procrastinando parece que ya se dio cuenta de eso y se están realizando incautaciones, pero también puede ser para mostrarle a Trump resultados en su visita a Washington, a manera de cortesía para salvarse el pellejo.
Digo procrastinando, porque el consumo ha aumentado durante su gobierno, y con Trump encima no podía seguir mirando para otro lado ante una problemática creciente. Algo bueno parece que trajo toda la tensión entre los dos mandatarios.
Las muertes por sobredosis aún son muy bajas afortunadamente, -treinta casos en una década-, pero si las incautaciones están aumentando, de 1.518 unidades en 2023 a 5.692 para 2024, es porque algo está pasando.
La generación Z esta “encantada” con el 2CB, la droga sintética de moda, y si cualquier laboratorio analizara una muestra al azar, encontraría un montón de ingredientes, fentanilo entre ellos (los reactivos portátiles de la gente de Échele Cabeza no son confiables, valga la aclaración), además de varias drogas hospitalarias y mucha Ketamina, un anestésico que usan los veterinarios en procedimientos quirúrgicos.
El 2CB lo cocinan en cualquier cocina de cualquier apartamento de un conjunto residencial, y las concentraciones de los ingredientes dependen del “chef” de turno. En resumen, es un coctel de porquerías legales e ilegales, del cual, por ser tan novedoso, no se saben sus efectos en la salud, ni a mediano ni a largo plazo, para sus consumidores.
Los jóvenes saben perfectamente cómo lo fabrican y sus ingredientes; son conscientes de ello, pero el efecto que les produce les hace no importarle mucho que digamos, los daños que les genere o una sobredosis por consumo desbordado; los casos de muertes en fiestas han sido de conocimiento público, o las adicciones confesadas por parte de influencers en sus cuentas de redes sociales, tampoco parece llamarles la atención.
Igual, es una droga de estrato 4 hacia arriba; no es económica; y si hay un problema de consumo, es bastante probable que los padres manejen esto con un bajo perfil: ingresan al hijo o hija en un centro de rehabilitación “de lujo”, con psicólogos casi solo para ellos, cómodas instalaciones y hasta sauna; cuando el paciente se recupera… aquí no ha pasado nada, señores, sigan en lo suyo.
Por todo lo anterior, será muy difícil ver los famosos zombies en EE. UU. doblados sobre su propio eje, en las calles de Bogotá o ciudades principales, por más terror mediático que algunos noticieros nos querían mostrar con comparaciones absurdas. El consumo de 2CB y fentanilo sí está aumentando, y lo que falta es una prevención responsable, sensata y sin hipocresías.
Porque si la idea es ver pandemias por drogas duras en Colombia, hay una hace décadas, la del bazuco. Gente con adicción crónica, ahí sí en las calles y entre la basura. Es conocida ampliamente esta problemática en Bogotá y Medellín principalmente, pero como sus consumidores casi siempre son de estratos populares, no tienen acceso a centros de rehabilitación con un mínimo de dignidad, y solo se les ofrecen cárceles con nombres diferentes, como el de “comunidades terapéuticas”, donde son víctimas de todo tipo de abusos, y los casos de muertes por maltrato han sido documentados por la prensa.
Entonces, no creo que a Petro le importe mucho este tipo de droga por estos días. Él está viendo cómo le muestra a Trump lo que a él le interesa, que no entre más cocaína ni fentanilo a su país y punto, porque el bazuco de ellos, el crack, fue una epidemia que afectó hace tiempo a la comunidad afro, no a la blanca. y ya sabemos que al estadounidense poco o nada le interesan ellos, solo les sirven para ponerlos en cárceles, como se ve en el aterrador documental The Alabama Solution, nominado este año a los Oscar.