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El golpe de realidad fue de barriga contra el pavimento. La victoria de Abelardo le hizo caer en cuenta al progresismo cómo es en realidad la mitad del país. No lo quisieron ver por tozudez; nunca quisieron ver ese porcentaje negativo en las encuestas que tenía -y tiene- Petro, y se encerraron en su burbuja.
La ceguera del progresismo fue múltiple: ¿Cuál fue la frase publicitaria de su campaña? Le tocó a Ëdson Velandia componerle una canción a Cepeda para que sus votantes adoptaran algunas palabras, y el candidato prácticamente nunca la dijo en sus famosas “plazas a reventar”. Esas mismas plazas le hicieron creer que cogía el cielo con las manos; entonces pensaron: ¿para qué debates? Usemos el mismo eslogan de Petro cuando ganó y ya. Hoy Cepeda ya anuncia debates como le gusta a él, en ambientes controlados, con personas designadas por su campaña; Abelardo aceptará, porque sabe que es mucho más mediático que su contrincante.
El progresismo no leyó a tiempo una idea/ataque de Abelardo que caló profundo: “Cepeda nunca ha administrado ni un garaje”. Los votantes del abogado son enfermos por la plata, porque en esto se parecen a los petristas en el sentido de no leer; no leen columnistas, no leen a nadie, solo vieron los videos de IA de la campaña y, sumado al profundo odio a Petro, esperan el 21 de junio un progreso traducido en ganancias, en plata.
Los cepedistas estuvieron desde octubre del año pasado montados en esa nube creada por ellos mismos, compartiendo en redes afiches de Cepeda y Quilcué al lado de frailejones y osos de anteojos, hablando como hippies despistados de la fuerza del amor, del poder de la juntanza. Se juntaron, pero entre ellos mismos, para creer que eso era suficiente, y rechazaban de tajo cualquier cosa que no tuviera esa estética y narrativa. Creyeron que todo el país era así, que las encuestas donde Abelardo se trepaba eran falsas, que en ese país que Petro hizo “despertar” no cabía un misógino y racista, y hoy aterrados, no saben cómo encajarse ese golpe directo a la mandíbula; están groguis.
A cualquier persona que les advertía lo que podía pasar el 31 de mayo, la calificaban como incel, bruto, facho, mafioso, machirulo, etc.
Esa ira y sectarismo disfrazados de amor, de abrazar una supuesta diversidad con la característica sine qua non de que piensen igual a ellos. Las nuevas ciudadanías entonces tenían que ser de cierto modo: adoptar perritos callejeros, odiar a Sarmiento Angulo, tomar pola en una esquina, creer que RTVC siempre decía la verdad, leer y replicar los “medios alternativos”, aceptar que en la lucha de clases promovida por Petro estaba el núcleo de su realidad y odiar profundamente a Abelardo.
Si no cumplías estas condiciones, lo siento amigue, vete a votar por Abelardo. Bueno, eso fue lo que pasó, 10 millones de machirulos y demás epítetos que mencioné antes lo hicieron en masa y obedientemente.
Señores(as) y jóvenes progresistas, no sé si el millón de votos que tiene Fajardo les va a alcanzar para ganar en junio, empezando porque el antioqueño, muy a su estilo, perfectamente les puede pedir a sus simpatizantes que voten en blanco; ya lo hizo antes, lo puede hacer ahora.
De los extremos no puede salir nada bueno; una extrema derecha resentida y frotándose las manos para tomar venganza es muy peligrosa, y la izquierda, con toda la razón, no va a dejar que pase de nuevo lo de la UP. Entonces podría haber confrontación directa en las calles y campos, y un amague de guerra civil… Me dan escalofríos de solo pensarlo.
Reventada la burbuja y mirando de frente a ese país que no quisieron ver, les va a tocar empezar a tender puentes, a bajarle a la arrogancia y la sobradez. La lección debe ser aprendida; ustedes no son los dueños de la razón absoluta, hay otros puntos de vista que deberían al menos escuchar.
Como esta columna, por ejemplo.
