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¿A discreción de los mandos medios?

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Mauricio Botero Caicedo
20 de marzo de 2011 - 06:00 a. m.
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ES UN ABSURDO IMAGINAR QUE LA decisión más importante que toma una empresa, la consecución y asignación de capital, se deje a discreción de los mandos medios.

El capital suele ser un recurso escaso y costoso, y es por ello que una de las principales tareas de los directivos es asegurar que la empresa tenga el capital adecuado para poder cumplir holgadamente sus metas; y una vez que se logre conseguir el capital en las mejores condiciones posibles, tomar las medidas para que dicho capital se asigne de la manera más eficiente. Toda institución, incluyendo los Estados, enfrenta el mismo reto.

Ahora bien, tanto para las empresas como para los países hay un capital que suele ser bastante más importante que el capital físico: el capital humano. Todo economista le adjudica al capital humano un papel fundamental en el desarrollo económico y social de una empresa y de un país. Pero la tarea de formar capital humano, aparte de ser costosa y ardua, generalmente toma varias generaciones. En el caso colombiano, las buenas universidades, incluyendo la Nacional, no están preparando el número de profesionales que requiere el país. El vacío lo llenan las llamadas ‘universidades de garaje’, que se han encargado de colocar en el mercado laboral decenas de miles de profesionales de muy bajo nivel con muy pocas posibilidades de encontrar empleos remunerativos. Lo poco que el país hace para acrecentar la base de capital humano, lo hace de manera deficiente.

Pero hay alternativas y la historia nos demuestra que un significativo número de países han logrado dar enormes “saltos de rana” atrayendo inmigrantes que contribuyen de manera decisiva a incrementar el capital humano. Los centenares de miles de emigrantes europeos (moros y judíos españoles y portugueses en el siglo XIV; hugonotes en Francia en el siglo XVI; irlandeses y alemanes en el siglo XIX; hebreos y no arios en el siglo XX) les aportaron a los países que los acogieron —más que inversión o recursos— sus neuronas, su disciplina, su enorme capacidad de trabajo y su profundo agradecimiento. De manera simultánea que las naciones que recibían a los emigrantes se enriquecieron con el inesperado flujo, las naciones que neciamente los expulsaron se vieron abocadas a un importante declive moral y económico.

Un número importante de países le está brindando a Colombia una invaluable y única oportunidad de saltarse varios años el arduo camino de la superación. Al poder aumentar el acervo de capital humano con profesionales y técnicos extranjeros, el país estaría adicionando en varios puntos la tasa de crecimiento. Pero en vez de diseñar los mecanismos (incluyendo las visas de trabajo, la residencia y la ciudadanía) para atraer y facilitar el enorme flujo de profesionales que buscan inmigrar a Colombia, lo que en realidad ocurre es que funcionarios subalternos (lo que en lenguaje corriente se denominan los mandos medios) son los que de manera discrecional (y frecuentemente arbitraria) toman las decisiones sobre el ingreso o no ingreso del capital humano que requiere con urgencia el país. Según reciente informe de la revista Dinero, son varias las talanqueras que estos mandos medios colocan, principalmente en cuanto a nuevas exigencias en homologación de títulos profesionales. (El autor de esta columna conoció el caso de un extranjero presidente de multinacional, quien lleva 30 años dirigiendo empresas, siendo su carrera original veterinaria. Para darle la visa, los funcionarios le han exigido homologar una carrera que lleva 30 años sin ejercer. Poco les importa a los burócratas que el señor no viene como veterinario, sino como presidente).

Está en manos del presidente Santos y su canciller que nos lluevan ingenieros, catedráticos, profesionales y empresarios. El dejar las decisiones sobre el capital humano en manos de los mandos medios es un error garrafal.

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