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8 May 2022 - 5:30 a. m.

Acercándonos a “Fahrenheit 451″

“Llegará un día que la falsa tolerancia será tan intensa que se prohibirá pensar a los inteligentes para no ofender a los imbéciles”. Fiódor Dostoyevski.

Hace unos años, Edward Luce, renombrado analista del Financial Times, argumentaba que el resurgimiento de la corrección política y el tono crecientemente agresivo de gran parte de la izquierda intelectual mostraban que, en lugar de defender la libertad de expresión, la izquierda está intentando acallarla. Para Luce, “el objetivo de la educación superior es inculcar un espíritu de investigación y fortalecer la mente para que los estudiantes se puedan enfrentar en el futuro al mundo confuso en el que vivimos. Pero los campus estadounidenses se están moviendo en la dirección opuesta. El lema actual es crear «espacios seguros». Las bibliotecas de las universidades ponen «advertencias desencadenantes» a obras de ficción: a los estudiantes se les desaconseja que lean Las metamorfosis, de Ovidio, porque contiene escenas de violaciones; El mercader de Venecia, de Shakespeare, porque consideran que es antisemita; El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald, porque dicen que es misógina, y Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, por el patriarcado que se describe en la novela. El término «microagresión» —hacer una ofensa verbal sin darse cuenta a miembros de minorías marginadas— ha entrado en el vocabulario diario… Hay decanos de facultades que reconocen que autocensuran su lenguaje por miedo a ofender a alguien o porque incluso pueden perder su trabajo”.

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