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¡Aquí estamos y aquí nos quedamos!

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Mauricio Botero Caicedo
20 de noviembre de 2022 - 05:30 a. m.
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Para sorpresa de este columnista, las importantes respuestas de Gustavo Petro en entrevista que le hizo el pasado 12 de octubre el diario El País, de España, no han tenido la resonancia que amerita dicho cambio de política. Ante la pregunta: “El director de Impuestos y Aduanas colombiano dijo que era el momento de legalizar la cocaína para ensanchar la recaudación. ¿Se plantea legalizarla?”, Petro respondió: “No”. El periodista insistió contrapreguntando si era un rotundo no, a lo que el presidente contestó: “No, mientras sea ilegal en el mundo. Es a EE. UU. al que el corresponde dar ese paso”. Legalizar unilateralmente los narcóticos, como lo ha reconocido el primer mandatario, es un suicidio. Ni EE. UU. (especialmente con una Cámara en control de los republicanos) ni Europa están cercanos a legalizar la cocaína y los derivados de la amapola, indistintamente de que solo afecten a un porcentaje menor de los consumidores. El haber contemplado que los recursos de la droga se podrían canalizar a través del sistema financiero, cuando ni un solo banco en Colombia hubiera resistido el ostracismo y el bloqueo internacional, es inexplicable. Todas las cláusulas contractuales de terminación de los créditos y contratos se hubieran activado.

Por otra parte, la firme negativa de Petro respecto a la legalización amerita replantear el tema de la paz total. Se presume que, en medio de las conversaciones de paz en el gobierno de Santos, las Farc habrían negociado con los “duros” (los carteles mexicanos y sus asociados) el “establecimiento comercial”, es decir, los cultivos, laboratorios y rutas. ¿En qué bolsillos terminarían estos recursos? ¿La aparición de las disidencias de las Farc tuvo algo que ver con esta presunta venta? No se puede olvidar la máxima de que hay muchos más muertos en el reparto del botín que durante el asalto. La pregunta que se cae de su propio peso es si hoy los narcotraficantes colombo-venezolanos (Clan del Golfo, Eln, Segunda Marquetalia), en la esperanza de cobijar sus delitos y blanquear parte importante de su patrimonio, van también hoy a negociar con los “duros” de la droga su “establecimiento comercial”.

La prohibición de narcóticos en EE. UU. y la Unión Europea seguirá asegurando altísimas rentabilidades. Si al afán de lucro se le suma una política de tolerancia y muy reducida presión de las autoridades a los cultivos, es obvio que los “duros” no tengan incentivo alguno para abandonar el negocio del narcotráfico. Como en su día lo afirmó Barco, la única ley que respetan los narcotraficantes es aquella de la demanda y la oferta. Casi con certeza las áreas sembradas en coca y amapola, que ya de hecho desde el 2012 se han cuadruplicado, van a seguir creciendo y la principal disyuntiva de los “duros” va a ser cómo restringir la oferta para evitar el derrumbe de los precios.

No se vislumbra en el Gobierno ánimo de hacerles a los narcotraficantes la vida lo suficientemente incómoda para que trasladen el negocio a otro país. Los carteles mexicanos, parafraseando a un reconocido expresidente, argumentarán: “Aquí estamos y aquí nos quedamos”. En el entorno de un negocio de narcotráfico dinámico y vibrante, las posibilidades de que haya paz total en el país no son halagadoras.

Apostilla. ¿Será que el sistema de salud de Colombia es tan frágil que no resiste el asedio de un corcho?

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