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No es mucho lo que un presidente puede hacer en cuatro años, y menos si no controla el Senado y tiene una débil mayoría en la Cámara de Representantes. Pero algo duradero tiene que hacer Biden, y este columnista apuesta a que su legado va a ser el impacto en el cambio climático, concretamente acelerando la transición de combustibles fósiles a energías limpias y renovables. La razón de la apuesta sobre el clima radica en que huir de los combustibles fósiles fue una firme promesa de campaña y Biden cuenta con el respaldo de casi la totalidad de los demócratas y parte de los republicanos para enfrentar el cambio climático. Biden dio a conocer un plan de inversión de US$2 trillones en cuatro años en el que propone que la red eléctrica dependa únicamente de la electricidad “limpia” para 2035. El plan, que también exige grandes inversiones en eficiencia energética y vehículos eléctricos, tiene como objetivo lograr la generación de energía libre de carbono para 2035. El primer día de su mandato, Biden va a anunciar el regreso de EE. UU. al Acuerdo de París, y en menos de 30 días va a prohibir el fracking en tierras del gobierno federal. Lo paradójico es que las medidas de Biden contra el fracking a corto plazo muy seguramente van a empujar el precio del petróleo y del gas hacia arriba. A menor oferta, mayor el precio.
¿Qué implican para Colombia estas políticas de Biden? Mucho… mucho más de lo que creemos. El problema es que Colombia pareciera ir en dirección opuesta. No nos damos cuenta de que el modelo de exportar petróleo y carbón para poder importar comida es el camino al suicidio. Los más altos cargos en el sector energético afirman que “Colombia le va a seguir apostando al carbón”, “que el fracking es revolucionario” y “que hay que enseñarles a los banqueros extranjeros a prestarles a centrales de energía con base en el carbón”. Es decir, el compromiso es claramente con los combustibles fósiles.
En Colombia, la gran noticia de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (que entre otras debería cambiar su nombre por Agencia Nacional de Energía, al igual que Ecopetrol debería llamarse es Empresa Colombiana de Energía) es que Colombia sigue invirtiendo en buscar más y más petróleo. Otra enorme equivocación de Colombia es seguir, con múltiples gasoductos y dos faraónicas regasificadoras, apostándole al gas con el falso argumento de que es una energía limpia. El gas, si bien es algo menos nocivo que el carbón y el petróleo, es un combustible fósil que contamina. Según reciente artículo en Portafolio, “el plan actualizado (de Ecopetrol y la ANH) contempla inversiones entre US$11.000 millones y US$13.000 millones para estos tres años, concentradas en Colombia, con miras a la incorporación de reservas más competitivas en el nuevo entorno de precios”. ¡Qué tristeza que esos recursos no se utilicen para darle inicio inmediato a la transición a energías renovables, especialmente en la infraestructura de distribución y recarga eléctrica, donde estamos en pañales!
Apostilla I. Se equivocan los que creen que Trump, con sus 71,5 millones de votos, no va a seguir siendo una fuerza política formidable, y lo más seguro es que sea un temible candidato en el 2024.
Apostilla II. Asegurar que en el 2022 el ciclo político de Álvaro Uribe habrá llegado a su fin es de una ingenuidad supina.
Apostilla III. ¡Felicitaciones y enhorabuena al nuevo equipo en Semana!
