Colfuturo, fundación sin ánimo de lucro, administra un programa de financiación para estudios de posgrado en el exterior bajo la modalidad de crédito–beca. Desde 1991 esta entidad ha financiado los estudios de más de 17.000 profesionales en cerca de 880 universidades de todo el mundo, profesionales que logran aumentar sus ingresos en cerca del 48 % una vez regresan al país. El criterio de dicho apoyo es el mérito académico, no el estrato, y el esquema de Colfuturo de crédito–beca tiene condiciones: la condonación parcial está a amarrada a graduación, retorno, trabajo (principalmente en el sector público y en educación) y permanencia en el país a su regreso. Buena parte de los hogares de los estratos 5 y 6 no podrían financiar estos estudios sin una beca (los recursos que financia Colfuturo al becario, 50.000 dólares, suelen cubrir una parte nada más del enorme costo de los posgrados en el extranjero).
Que el Estado apoye a Colfuturo, por más que los despistados en el alto gobierno afirmen lo contrario, es constitucional. Afirmar lo contrario es una mezcla de oportunismo político y analfabetismo constitucional: el artículo 69 habilita expresamente la promoción de la educación superior, ciencia e investigación, y no menciona en ninguna parte que dicha promoción solo pueda beneficiar a los estratos 1 y 2. Argumentar que se configura una violación constitucional cuando un estudiante estrato 6 gana una beca por mérito es afirmar que el conocimiento avanzado es sospechoso y la mediocridad virtuosa, y pone en evidencia es la profunda hostilidad ideológica del régimen contra el mérito y la excelencia. Orwell hubiera podido crearles el siguiente eslogan: “Pobres buenos, talentosos desestabilizadores, Colfuturo intolerable”.
En Colombia los impuestos directos (renta de personas naturales y de empresas) aportan el aproximadamente el 45 % del recaudo por impuestos; y los impuestos indirectos (IVA y otros gravámenes al consumo) aproximadamente el otro 55 %. En términos generales, los estratos altos (5 y 6) contribuyen con el 52 % de todo el recaudo, mientras que los estratos 1 y 2, el 10 %. En relación con el gasto público (subsidios monetarios y en especie; educación y servicio públicos), los estratos 1 y 2 reciben el 50 % de dicho gasto, mientras que los estratos 5 y 6 reciben el 7 %. En el caso de la financiación pública para la educación, los estratos 1 y 2 reciben cerca del 65 % del gasto, mientras que los estratos 5 y 6 reciben el 7,5 %. En realidad, el balance fiscal entre los impuestos recaudados vs. el gasto recibido es bastante progresivo: son los estratos de menores ingresos los que de lejos reciben el mayor apoyo estatal, mientras los estratos de mayores ingresos son los que contribuyen más al recaudo fiscal. Insinuar que el sistema es regresivo, no progresivo, es una sandez.
Apostilla. El exministro Juan Camilo Restrepo se hace una pregunta sobre Colfuturo: ¿si los aportes gubernamentales (y sus directivos tan “ratas” cabe agregar), por qué no los suspendieron hace tres años y medio? La respuesta es casi obvia: el Ministerio de Educación se quedó sin recursos para el 2026 por la crisis fiscal que este mismo Gobierno desató y que hoy pretende disfrazar.