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27 Nov 2022 - 5:30 a. m.

Colombia y el índice de miseria

El índice de miseria, métrica que es la suma aritmética del nivel de desempleo y la tasa de inflación en un momento dado, fue diseñada por el economista estadounidense Arthur Okun y refleja el nivel de malestar que sufre una economía. Las críticas a dicho índice se basan, fundamentalmente, en dos aspectos: el primero es que es una “foto” que en sí no dice mayor cosa si no se le compara con otra “foto”, el es segundo es que las mediciones tanto del desempleo como de la inflación suelen ser subjetivas. Hay, sin embargo, un hecho incontrovertible no solo en Colombia sino a nivel mundial: el índice de miseria ha aumentado de manera significativa. Hace dos años era de 12,3 en el país, mientras que hoy es de 23,02. A nivel comparativo, el índice de miseria hace dos años en EE. UU. era de 7,87, mientras que hoy es de 11,45.

¿A qué se debe este importante incremento en los índices? Son tres los factores principales: el primero fue la pandemia. Los bancos centrales, con el entendible y loable propósito de ayudar a la población a sobrevivir, relajaron su política monetaria con bajas tasas de interés y otros estímulos económicos. La confinación producto de la pandemia también es culpable parcial de la escasez de un número importante de bienes y servicios, y de la crisis en la cadena logística. La inflación, que mide la rapidez con la que suben los precios de bienes y servicios a lo largo del tiempo, al elevarse de manera sostenida perjudica la economía porque los salarios no mantienen el mismo ritmo de aumento y, por ende, disminuye el poder adquisitivo.

El segundo factor que ha incidido en el aumento del índice de miseria global es la guerra en Ucrania desatada por Putin, “un sátrapa que ha perseguido, encarcelado y desaparecido a miles de opositores (…) combina sus ínfulas imperiales con sus prácticas de capo mafioso”, como bien lo describe el columnista Mauricio Vargas. La reducción del suministro de productos básicos provenientes de Rusia como petróleo, gas, fertilizantes y metales, al igual que el trigo y el maíz tanto de Rusia como de Ucrania, ha disparado sus precios, afectando a los importadores de materias primas del mundo entero. En Colombia, el persistente fenómeno de La Niña, con sus abrumadores excesos de agua, también ha afectado de manera grave las cosechas y su traslado a los centros de consumo.

El gobierno de Petro no tiene mayores responsabilidades por el actual nivel del índice, pero sus políticas sí pueden aliviarlo o agravarlo. En un país como el nuestro, que importa 13,8 millones de toneladas de comida, gran parte de los fertilizantes y casi la totalidad de la maquinaria agrícola, una tasa de cambio alta impacta directamente la inflación. El ministro Ocampo, que no alberga la menor duda de que el año entrante la inflación bajará, en diferentes foros ha manifestado de manera inequívoca que va a reducir el déficit fiscal y respetar la regla fiscal. El desmonte de la indexación y alzas moderadas de los combustibles es positivo, y a Ocampo se le acompaña en sus objetivos y optimismo. Lo que debe salir de la conversación son unos eventuales controles sobre los precios y la tasa de cambio. Argentina, cuyo índice de miseria es de 106,9 (uno de los más altos del mundo), con una inflación rondando el 50 %, hace un año impuso control de precios. Hoy la inflación de la nación austral es del 100 %.

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