Publicidad
13 Dec 2020 - 3:00 a. m.

De tácticas y de amenazas

Las tácticas suelen tener igual o mayor importancia que las estrategias. De la misma forma que “alta fidelidad” solo se puede esperar de los equipos de sonido, y “perfección” en la pintura solo en existe los cuadros de Velázquez, la imperfección es humana y lo grave no es equivocarse, sino persistir en el error. La primera pifia táctica del anterior gobierno fue vender y seguir vendiendo el Acuerdo de Paz casi exclusivamente en el extranjero. Pareciera que lo único legítimo es que sea el mundo entero el que apoye el Acuerdo, independientemente de lo que piensen 50 millones de colombianos. ¿Qué importancia tiene lo que digan al respecto Tony Blair, Rodríguez Zapatero, Bernie Sanders o Perico de los Palotes? Para el gobierno anterior lo esencial es que el Acuerdo esté blindado por “el derecho internacional, por el derecho internacional humanitario, por el derecho penal internacional… y que no sea derogable, ni siquiera a través de un referendo”.

Hagamos de cuenta que de los 7.500 millones de habitantes del planeta, 225 millones saben dónde queda Colombia y algo entienden de su problemática. Los otros 7.275 millones no tienen idea y poco les importa. Garantizo que si a los extranjeros que algo saben del país les llegaran a preguntar si están de acuerdo con la paz en Colombia, el 99,999 % de los consultados van a contestar que sí. Es más, si hipotéticamente hoy me llamara un periodista a preguntarme si estaría de acuerdo con el tratado de paz que están negociando el gobierno de Azerbaiyán con los armenios y la República de Artsaj, contestaría que por supuesto sí estoy de acuerdo (a pesar de no tener ni idea dónde queda Artsaj ni qué están negociando con los armenios).

Otro enorme desacierto táctico es lavarse las manos sobre lo que representa para nosotros los contribuyentes el enorme costo de dicho Acuerdo. Mauricio Vargas, en su pasada columna en El Tiempo (6/12/2020), afirma: “Los ríos de leche y miel prometidos a campesinos y víctimas carecen de financiación, y Santos siempre lo supo. Para no hablar de los miles de millones en contratos del Fondo de Paz, robados en los meses finales de su gobierno. O de cómo las Farc, con su fortuna oculta en el exterior, les ponen conejo a las víctimas con su parte de la factura. Los cultivos de coca se dispararon porque Santos suspendió la aspersión aérea sin tener un plan B, y esa coca causa ahora la mayoría de las muertes de excombatientes. Dado lo anterior, criticar a Duque por el manejo de los Acuerdos suena a cinismo y desvergüenza”.

Un tercer error táctico son las amenazas. En junio de 2016, Santos amenazó en Medellín que las Farc estaban preparadas para comenzar una guerra urbana si fracasaba el proceso de paz. Esa amenaza contribuyó al fracaso del plebiscito en octubre de 2016. Hoy, el padre Francisco de Roux, en entrevista en El Tiempo (6/12/2020), amenaza que “podemos regresar a la guerra dura”. Ojo, padre De Roux, con las amenazas, porque fuera de ser vejatorias ¡suelen convertirse en bumeranes!

Apostilla. Historia de la Caricatura en Colombia son tres maravillosos tomos, compilados por Beatriz González, que Villegas Editores acaba de sacar. Qué enorme diferencia hay entre los grandes de ayer (Espinosa, Greñas, Rendón) y hoy (Osuna, Guerreros, Mheo, Nieves), y muchos mediocres caricaturistas contemporáneos cuya única demostración de inteligencia y humor es dibujar al presidente como un cerdo o un muñequito. ¡Increíble la decadencia!

Síguenos en Google Noticias