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El embajador de España, Joaquín de Arístegui, le envió hace unas semanas una carta a El Espectador comentando una columna mía, cuyo título era “España: ¿en manos de un prófugo de la justicia?”. El diplomático acepta que es una columna de opinión, pero a renglón seguido acusa al columnista de faltarles el respeto a los votantes españoles y de inducir al error. En repetidas ocasiones en esta columna se ha manifestado que la misión de un opinador no es cultivar el género epistolar. Considero pertinente, sin embargo, hacer unas respetuosas observaciones. Primera, al no haber tratado el escrito la amistad o no amistad del presidente del gobierno español con Colombia, mencionarlo es irrelevante. En segundo lugar, en ningún momento se desconoce que en el reino impera un sistema parlamentario y el presidente de gobierno es elegido por quien obtenga el voto de la mayoría de los diputados. El objetivo de la columna no era cuestionar dicho esquema, sino señalar que cuando no se llega a una mayoría, necesariamente se debe acudir a pactos y alianzas a las que, con tino, la prensa ha denominado gobierno “Frankenstein”. El escritor Isaac Rosa destaca el fenómeno de los comentarios de prensa dos días después de las elecciones: “Bloqueo o Frankenstein”, “Llega Frankenstein II”, “La resurrección de un Frankenstein más tenebroso que nunca, con sede en Waterloo”, “Frankenstein con permiso de Puigdemont”, “Frankenstein vive, la lucha sigue”, “Comparado con el próximo gobierno, Frankenstein era un muñeco de trapo” y “De Frankenstein a Sanchestein”.
Que en los sistemas parlamentarios se presenta con frecuencia el fenómeno “Frankestein” nadie lo pone en duda. En los países en que hay libertad de opinión, algunos analistas cuestionan —sin que los acusen de querer inducir al error— ¿qué tanto debe ceder un gobierno para que partidos marginales lo apoyen? Un ejemplo de los infortunios que sufren los gobiernos “Frankenstein” es la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, más conocida como la ley del solo sí es sí, que ha beneficiado a 978 agresores sexuales y deja en libertad a 104 de ellos. Esta ley, cuyo promotora fue la ministra de la Igualdad, Irene Montero de Podemos, es un ejemplo del monstruo “Frankenstein” cuando a los partidos radicales se les da rienda suelta para promover legislación.
En relación con ETA, es ilustrativa y pertinente la opinión de la destacada presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sobre Bildu (otro socio del actual gobierno y principal fuerza política de la izquierda abertzale en España): “Bildu no son los herederos de ETA”, sino que “es ETA”. “ETA está viva, está en el poder, vive de nuestro dinero, mina nuestras instituciones, quiere destruir España, privar a millones de españoles de sus derechos constitucionales y provocar una confrontación”.
Pensaría que hay un tema más importante que debe ocupar al representante del reino y es el futuro de Sanitas, cuyo gerente estima pérdidas patrimoniales de $400.000 millones. En un documento conjunto con otras dos empresas, Sanitas alerta por la grave situación financiera que vienen atravesando y que pone en riesgo la continuidad de su operación. La misiva es una señal de alerta crítica, si se tiene en cuenta que Sanitas tiene 2,7 millones de usuarios afiliados.
