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Uno de los grandes mitos urbanos es que el gas natural es “limpio” o “amigable”. Lo de limpio es mentira, y lo de amigable no sé qué quiere decir. El gas natural es un combustible sucio y no renovable, si bien sus emisiones son un 40-50 % menores de las del carbón y un 25-30 % menores que las del fuel oil. El economista estadounidense William Nordhaus considera que la emisión de CO2 es un tipo especial de externalidad, porque se extiende en el tiempo y en el espacio, contaminando todo el planeta y envenenando a las generaciones venideras, porque el CO2 que se emite hoy calentará el planeta en las próximas décadas. Para Nordhaus, aumentar el impuesto sobre el consumo de combustibles fósiles es la forma más expedita de descarbonizar el mundo.
A medida que Europa y EE. UU. (cuando asuma Biden) aceleran la carrera para desembarazarse de los combustibles fósiles, Colombia parece tomar con mucha calma esa transición. Sin tener mayor idea de cuáles son las reservas de gas (el Ministerio de Minas y Energía dice que son de cuatro a cinco años, empresas como Canacol afirman que son de diez años, y Naturgas, basado en proyectos de Ecopetrol en ejecución, asevera que pueden ser cien años), Planeación Nacional insiste en adjudicar una planta regasificadora en Buenaventura en el 2021. La Dirección Marítima (DIMAR), la ANLA y la Armada Nacional han hecho serias y fundadas objeciones a dicho proyecto. Al tener Colombia reservas de gas suficientes para hacer la transición a combustibles no fósiles, la planta de Buenaventura es manifiestamente innecesaria y no tiene sentido económico ni, como afirman la DIMAR y la ANLA, técnico y ambiental.
Colombia, antes de terminar la década, va a enfrentar serias dificultades de orden macroeconómico. El 40 % de nuestras exportaciones son combustibles fósiles (cuya demanda y precio se van a desplomar). Reemplazar estas exportaciones nos va a tomar varios lustros y reducir las importaciones, especialmente de comida, no va a ser fácil. Terminar la red vial, electrificar la despensa alimentaria de la altillanura y mejorar la calidad y extensión de vías terciarias del país parecieran ser la prioridad de solo algunas personas en el Gobierno, como la vicepresidenta y la ministra de Transporte, mas no de Planeación Nacional. La única salida a la catastrófica crisis de balanza de pagos es atraer una cascada cada vez más grande de inversiones, y la única forma de atraer esta cascada es convertirnos en el primer país “verde” (aparte de Costa Rica) del continente. Según un reciente estudio de la CREE, Colombia es un país que consume poca energía con baja eficiencia y tiene una enorme dependencia fiscal de los hidrocarburos. Hacer la transición acelerada a las energías limpias y renovables es un esfuerzo grande, pero no imposible.
Planeación Nacional, cuya misión es prever y proyectar soluciones a dificultades como la crisis macroeconómica que se nos viene encima, debe entender que solo un país “verde” será receptor de inversión extranjera en infraestructura, industria, agricultura y servicios. Podemos tener la absoluta certeza de que los grandes inversionistas, como son los fondos privados tipo Black Rock, solo van a dirigir su capital a países que enfrenten decididamente el cambio climático. Por el contrario, un país que sigue invirtiendo en combustibles fósiles, como el caso de la regasificadora de Buenaventura, corre no solo el peligro de quedarse huérfano de inversiones sino, como diría Yuval Noah Harari, de volverse irrelevante.
