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Con un total de 22,8 millones de trabajadores, de los cuales el 56,1 % son informales, a finales del 2025 Colombia se posicionó como el país con mayor informalidad dentro de la OCDE, tres veces el nivel promedio en este grupo de países. La fórmula infalible para asegurar que la informalidad se dispare es subir el salario mínimo muy por encima de la productividad, y todo pareciera indicar que este gobierno no piensa dejarse arrebatar el título de “campeón de la informalidad”. La enorme tragedia de los informales en Colombia es que no tienen acceso a salud ni pensión, ni a beneficios como cesantías, primas de mitad o fin de año, o vacaciones.
Para la abogada laboralista María Jimena Escandón, los efectos económicos que plantea este incremento “no solo afectan los costos directos de la nómina, sino también los aportes a la seguridad social, los costos parafiscales, las cotizaciones de los trabajadores independientes, los préstamos para vivienda de interés social, los costos en la canasta familiar, la inflación y, en general, la economía del país”. Miles de familias en Colombia, al no poder sufragar los costos, verán esfumarse sus sueños de tener vivienda propia.
Quienes aplauden a rabiar la demagogia laboral de este gobierno no entienden que no es el Estado el que paga el aumento del salario mínimo. Es más, con un intervalo tampoco es la empresa: al final del día, lo que hay es un traslado de costos y es el consumidor quien termina pagando los mayores costos salariales por medio del aumento de los precios de los bienes y servicios que consume. Y cuando el mandatario afirma que entre más sube el salario mínimo el desempleo baja (basado en las tesis simplistas de Piero Sraffa, un economista anacrónico) está cometiendo un error craso de causalidad ya que, si fuere una ley económica, entonces la política óptima sería baladí en el sentido de que a medida que subamos el mínimo desaparece el desempleo y aparece la prosperidad infinita. El Gobierno y Sraffa parten de la premisa facilista de que el salario crea empleo cuando la realidad es que el empleo solo se crea cuando el trabajador produce al menos lo que cuesta contratarlo. Cuando aumenta el salario mínimo, sin tener en cuenta la productividad, no se está haciendo justicia social sino protegiendo al reducido 14,7 % de la fuerza laboral que ya está adentro ganando el mínimo, perjudicando a los jóvenes, a los menos calificados, y a los pobres.
Apostilla 1. Recalcando que el aumento en alzados en armas se ha producido en medio de treguas que, lejos de disminuir la violencia, les ha permitido fortalecer su logística y ampliar su capacidad ofensiva, el Wall Street Journal afirma que las organizaciones al margen de la ley cobijadas por la llamada Paz Total, en el lapso de los últimos tres años han duplicado el número de integrantes, alcanzando cerca de 25.000 personas. La Paz Total, engendro concebido por el contubernio entre el Gobierno y la Comisión Intereclesial, ha tenido como valedor y padrino a Iván Cepeda, quien hoy como candidato de la izquierda no puede eludir su responsabilidad en este monumental y rotundo fracaso.
Apostilla 2. Paz en la tumba de Brigitte Bardot, gran actriz y contemporánea, creo yo, de la “Niña Mencha”.
