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El desastroso modelo de salud que Cepeda potenciaría

Mauricio Botero Caicedo

24 de mayo de 2026 - 12:06 a. m.

Sería inexacto afirmar que el sistema de salud que recibió Petro en el 2022 era perfecto, pero había logrado cobertura masiva, relativa estabilidad institucional y una red nacional capaz de atender a millones de personas. Con todos sus defectos, Colombia terminó teniendo excelentes indicadores de cobertura a nivel continental. Argumentando que su objetivo era acabar con el “negocio de la salud”, en su delirio estatizante el actual Gobierno no solo ha puesto en riesgo la salud de todos los colombianos, sino que ha revertido los avances que se habían alcanzado en las últimas tres décadas. Mientras que Petro y sus ujieres hablan de “justicia sanitaria”, millones de ciudadanos enfrentan citas imposibles, hospitales asfixiados y una sensación creciente de que nadie está realmente al mando. El porcentaje de familias que reportan no conseguir medicamentos por falta de disponibilidad pasó del 25 % al 60 %. Hospitales y clínicas llevan meses advirtiendo problemas de liquidez, retrasos en pagos y deudas crecientes. Paralelamente, se ha agravado en forma crítica la financiación general del sistema de salud, con una deuda acumulada que asciende a 25 billones de pesos. Administrar la salud pública exige capacidad técnica, ejecución y coordinación, tres atributos que para este Gobierno son secundarios frente a las consideraciones ideológicas.

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El analista Hernando Gómez Buendía, en su estupendo libro Colombia después de Petro, hace una lúcida valoración del desastre de la salud en este gobierno: “En resumen: el Gobierno de Petro recibió la salud en deterioro progresivo y la entregó en crisis galopante, con EPS intervenidas, IPS cerradas y un modelo estatal improvisado que todavía no despega. El caso de la salud resume con nitidez las tensiones centrales del Gobierno del Cambio: puso la ideología por encima del análisis; eligió esta reforma por encima de otras más urgentes; enfrentó la férrea resistencia del sector privado que durante décadas manejó el sistema; aumentó drásticamente el gasto sin una fuente sostenible de financiamiento y supuso que el Estado estaba en condiciones de administrar directamente un servicio que ni siquiera había logrado regular bien. La consecuencia fue una reforma incompleta que desmontó el modelo anterior sin haber puesto en marcha uno nuevo. Hoy el sistema está atrapado entre lo viejo que ya no funciona y lo nuevo que aún no funciona, mientras que el paciente —la salud del pueblo colombiano— permanece en cuidados intensivos”.

Votar por el candidato comunista Iván Cepeda es asegurar que por lo menos por cuatro años más va a continuar el desastroso experimento de la salud que Petro impuso. Cepeda, indistintamente sea un fracaso, se ha comprometido con “profundizar” el letal modelo del actual Gobierno.

Apostilla 1. Lo único rescatable del desastre de la Paz Total es que, al poner la totalidad de los grupos delincuenciales en el mismo costal, este Gobierno acepta que no hay ninguna diferencia entre un delincuente común y un narcoterrorista, indistintamente el violento proclame que tiene “motivos políticos”.

Apostilla 2. Curiosa diplomacia la de Petro: mientras demolemos las relaciones con los vecinos Perú, Ecuador y Bolivia, estrenamos relaciones con Kenia, Etiopía y Ghana.

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