Pocos ponen en duda que la escalada de atentados terroristas en el occidente colombiano es autoría de alias “Marlon”, un sanguinario delincuente que hace parte de la disidencia narcoterrorista comandada por Iván Mordisco. En medio de más de dos docenas de ataques en el Valle, en Cauca y en Nariño, el atentado con explosivos en la vía Panamericana dejó 20 muertos y cerca de 50 heridos.
En pleno caos de seguridad, la vicepresidente Francia Márquez advierte que grupos criminales están superando al Estado, lo que confirma que Colombia se acerca más a lo que los analistas denominan failed state (Estado fallido). ¿Sorprende este grave señalamiento? Con la llegada del actual gobierno en 2022, su ingenua política de Paz Total (entelequia mal concebida, peor diseñada y torpemente ejecutada) abrió espacios de interlocución con todos los grupos armados ilegales. “Marlon” en el 2023 pasó a ser Gestor de Paz, riesgosa concesión disfrazada de estrategia que les estalló en la cara, abriendo la brecha entre la ambición del proyecto de Paz Total y sus resultados.
Como bien lo señala reciente artículo en el diario El Tiempo, “distintos sectores han señalado que las decisiones adoptadas desde el Gobierno facilitaron que varias facciones se federaran, coordinaran presencia en diferentes regiones y se presentaran como una organización con vocería nacional. Ese proceso les dio mayor visibilidad política y una capacidad de articulación que antes no mostraban de manera abierta”.
Decimos con frecuencia que el desenlace de una situación muchas veces se deduce con anterioridad, lo que lleva al aforismo de que “el desayuno señala cómo va a ser el almuerzo”. Iván Cepeda, en conjunto con la Comisión Intereclesial y Danilo Rueda, es el arquitecto y principal motor de la Paz Total, engendro que le ha permitido a los narcoterroristas legitimar negocios extraordinariamente rentables, principalmente el oro, la cocaína, y la extorsión.
Los “actores armados”, como con ausencia de malicia los denominan, hace rato dejaron de ser insurgencias con programa político reconocible y se convirtieron en administradores de economías ilícitas. Sus objetivos, aparte de asesinar a nuestros policías y compatriotas, se limitan a controlar rutas y territorios y a administrar las rentas ilegales. De llegar Cepeda al poder, ¿modificaría ese esperpento de la Paz total y ajustaría estas políticas a las realidades actuales? No parece probable y todo sugiere indicar que el viraje de Cepeda va encaminado a profundizar y sofisticar el mismo enfoque: más mesas, más categorías, más matices… pero la misma premisa de fondo: ¡el diálogo soluciona todo!
Ningún arquitecto o ingeniero reniega de su obra, por más grietas visibles que tenga. Aceptar que casi la totalidad de los criminales alzados en armas tienen exclusivamente ánimo de lucro, representaría para Cepeda tener que aceptar que la Paz Total ha sido un fracaso y, de llegar a la presidencia, podemos tener la absoluta certeza de que la situación de orden público se va a deteriorar.
Apostilla. Bravo por el Consejo de Estado al no permitir la vagabundería de que el Gobierno se apoderara de nuestros ahorros.