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¿En serio se bajaron del bus de la Constituyente?

Mauricio Botero Caicedo

14 de junio de 2026 - 12:06 a. m.

Después de conocerse el retiro de la iniciativa para convocar una Constituyente, Petro publicó un extenso trino explicando que la decisión responde a los resultados electorales y a la “profunda división” que se evidenció: “La decisión electoral reflejada en las últimas elecciones, al reflejar una profunda división ciudadana, no permite que el constituyente se convoque a sí mismo y ha dejado abierta la puerta de un regreso a los métodos del fascismo violento”. Cuando la Constituyente le convenía, Petro presentaba a sus opositores como bloqueos reaccionarios o incluso fascistoides; cuando dejó de convenir electoralmente, la bajó en nombre del consenso.

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¿Qué es lo que Petro y Cepeda siguen teniendo en mente con una Constituyente? Una democracia depende de fuerzas e instituciones capaces de limitar al gobernante y el objetivo real de Petro y Cepeda es, y siempre ha sido, el dejar al Ejecutivo sin controles, neutralizar jueces, domesticar al Legislativo y convertir “la voluntad del pueblo” en coartada para que mande uno solo, el “caudillo”, o en su defecto, su “pupilo”. Lo que claramente Petro-Cepeda pretenden es reemplazar la Constitución del ’91 por una representación directa de “movimientos sociales”, “sectores populares”, sindicatos, comunidades, gremios o territorios afines al proyecto político, articulados alrededor del Estado omnipresente e omnipotente, régimen muy parecido al “corporativismo” que en su día logró imponer en Italia Benito Mussolini: la sociedad organizada por cuerpos reconocidos políticamente, no solo por ciudadanos individuales votando en instituciones representativas. Petro y Cepeda obviamente no lo presentan como fascismo ni como “corporativismo” mussoliniano: lo presentan como poder constituyente popular y ampliación de derechos sociales, que de hecho se transforma en una dictadura neofascista.

Finalmente hay una razón de fondo por la que no se le debe creer a lo que Petro, Cepeda y el Pacto Histórico afirman, ya que no es que piensen dejar de lado la “Constituyente”, sino que la van es a “congelar” por unos meses. El editorial del El Espectador del pasado viernes 5 de junio deja en claro que lo que hay es una larga cadena de embustes: “En su mensaje, el presidente Petro insistió en que ‘la propuesta de Asamblea Nacional Constituyente es, por definición, del constituyente’. Eso, sin embargo, no fue así. Quien empezó a hablar de poder constituyente hace dos años fue el mandatario. Hace poco hizo la promesa de que el 20 de julio, ante el nuevo Congreso, presentaría las firmas. Su fugaz exministro de Justicia, Eduardo Montealegre, presentó un proyecto de ley que buscaba abrirle camino a la Constituyente, incluso con creativas maneras de elegir a dedo a buena parte de sus representantes. Y no pareció casualidad que en los eventos del presidente y del senador Cepeda se recogieran firmas por parte del comité”.

Apostilla 1. Tildando Petro a su correligionaria Gloria Arizabaleta de “criminal” y “extorsionista”, salta a la vista el desespero en el Pacto Histérico.

Apostilla 2. Aquellos que se mantengan escépticos sobre la toxicidad y virulencia de la droga, deben oír los últimos discursos del mandatario, especialmente el que pronunció en Córdoba.

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