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Entre Elon Musk y Henry Ford

Mauricio Botero Caicedo

24 de diciembre de 2022 - 12:00 a. m.

Las visionarias ideas de Henry Ford revolucionaron la industria automotriz alrededor del mundo. Su innovadora línea de ensamblaje (que la tomó de una visita que hizo a los beneficiaderos de carne en Chicago) abrió la puerta a la producción en masa de automóviles. En 1914, Ford duplicó a US$5 diarios el salario de sus trabajadores. Los resultados fueron sorprendentes: la tasa de ausentismo se redujo al 2,5 %, la tasa de rotación disminuyó hasta el 54 %, la productividad aumentó entre 40 % y 70 %, y los beneficios crecieron en un 20 %. Si bien Ford durante más de una década dominó el mercado automotor en EE. UU., a finales de los años 20 la General Motors, cuya gama de productos y modelos era bastante más amplia que aquella de la Ford, se impuso cautivando a los clientes que ya disponían de mayor poder adquisitivo.

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Con obvias diferencias de tiempo y lugar, Elon Musk es otro genio que ha revolucionado la industria automotriz. Pionero de los modernos automóviles eléctricos, Musk le ha dado un vuelco radical al sector. Los Tesla han logrado cautivar a un número cada día mayor de fanáticos que aseguran que volverían a comprar otro a ojos cerrados. Hoy, a pesar de que Tesla ha perdido casi el 63 % de su valor bursátil desde noviembre de 2021, sigue siendo la compañía automotriz más valiosa del mundo. La mayoría de las empresas de vehículos a nivel mundial han entendido que el futuro del transporte es eléctrico y avanzan hacia la meta de fabricar en 2035 exclusivamente eléctricos. Con excepción de la firma china BYD (en la que uno de sus más importantes accionistas es Warren Buffett), casi todas se han concentrado en vehículos eléctricos de media y alta gama. Estando el consumo del mañana en eléctricos de gama baja, es muy posible que los chinos dominen en el futuro dicho mercado.

Si bien el éxito empresarial caracteriza a estos dos magnates, ambos tuvieron sonados descalabros. Fordlandia fue una utopía agroindustrial que Ford quiso construir en medio de la selva amazónica y que terminó en un estruendoso fracaso. El proyecto de túneles de Elon Musk es un fiasco que posiblemente nunca sea comercialmente viable. Ambos titanes tienen una faceta oscura. En 1918 Ford compró un pequeño diario rural, The Dearborn Independent, que convirtió en un diario de tirada nacional y que utilizó para difundir sus opiniones antisemitas. La admiración mutua de Ford y Hitler, que tenía en su despacho un retrato del magnate, era conocida y el alemán citó a Ford en su libro Mein Kampf. Musk es un hombre caprichoso con ínfulas mesiánicas que para difundirlas adquirió la empresa Twitter. Como recientemente señalaba el editorial de El Espectador, Musk se ha convertido en un “un multimillonario que censura a quien se le antoja, inventa reglas sobre el camino y está mostrando cada vez más señales de peligrosa radicalización (…) Con rapidez se ha convertido en el árbitro de los discursos, decidiendo quién y cómo puede hablar en Twitter”. Musk, que tomó las riendas de la plataforma, hoy amenaza con renunciar a ser “Chief Twit”…

Apostilla. Sebastián Guanumen, el politólogo de la Universidad de los Pueblos de Moscú y agrimensor moral de la pasada campaña del Pacto Histórico, viaja como diplomático a Chile. ¿Se deslumbrarán los chilenos con las reconocidas capacidades de don Guanumen para mover “líneas éticas”?

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