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En el incierto panorama político de España, todo parece indicar que son dos las mujeres que en un futuro pueden ser decisivas. La primera es Isabel Díaz Ayuso, una mujer conservadora, guapa, frentera y amante de la libertad. Como líder del Partido Popular en la Comunidad de Madrid, la Ayuso arrasó en unos comicios con el porcentaje de participación más alto de los últimos años. Apodada la Dama de Hierro por el Times de Londres, con la arrolladora victoria el pasado 4 de mayo Díaz Ayuso se ha convertido en el referente de la centroderecha española. “Al duplicar sus votos se infligió una humillante derrota a los socialistas que gobiernan el país y se provocó la dimisión del líder del partido de izquierda radical Podemos, Pablo Iglesias”, rezaba el Financial Times, de Londres, en referencia a la retirada de la vida política de la cabeza del partido de extrema izquierda. Un dato curioso es que Díaz Ayuso estudió Periodismo con Iglesias. Ambos cursaron en la Universidad Complutense de Madrid, donde con otros estudiantes Iglesias formaría luego la agrupación Podemos. Afirma Ayuso: “Ahí conocí al movimiento podemita y era lo mismo que ahora, siempre montando huelgas, intentando paralizarlo todo”. Cualquier parecido de Podemos con el retardatario Comité del Paro en Colombia es pura coincidencia.
El mantener abierta a Madrid durante la pandemia fue parte del rotundo éxito de Díaz Ayuso. Según el portal Diálogo Abierto, “Sin aspavientos feministas o proletarios, apostando decididamente por una propuesta liberal y apenas con la dosis justa de mercadeo político, su candidatura ha convencido a casi el 45 % de los madrileños, mientras que por ejemplo Iglesias alcanzó poco más del 7 %... la victoria de Ayuso se fundamenta en la clara defensa de sus ideas y valores, sin ceder terreno a los complejos”.
En el anverso de la moneda está Yolanda Díaz, vicepresidenta del gobierno, una comunista creyente y confesa, que tiene una personalidad y una sonrisa seductora. De acuerdo con el diario El Español, “su secreto es precisamente su capacidad de seducción en situaciones límite; un valor muy apreciado en política que no se compra ni se vende y que ella ha ido perfeccionando en cada gesto, en el tono de voz, en su mirada y hasta en sus silencios”. Es una mujer elegante, a tal nivel que en los medios se le conoce como la Fashionaria, en divertida comparación con la grisácea Dolores Ibárruri, apodada la Pasionaria. (Entre otras, a la Pasionaria la conocían en Moscú como la Pensionaria porque cuando llegó les dijo a los bolcheviques que se quedaría en la URSS dos años, cuando en realidad se quedó 38). Yolanda Díaz, al contrario de la Ibárruri que iba siempre de negro, va cuidada, con looks que son perfectos y le dan una imagen de feminidad, sensualidad y profesionalidad.
Pero no es prudente dejarse engañar por el don de gentes de Yolanda Díaz, quien acaba de prologar una nueva edición del Manifiesto comunista, de Marx y Engels, donde afirma que ella se siente cómoda en todos los marxismos. Es casi seguro —en buena parte, dada la opacidad y falta total de carisma del secretario general del Partido Comunista de España, Enrique Santiago, aquel oscuro personaje que arrodilló al gobierno de Santos en La Habana— que la única esperanza para la izquierda y el comunismo español sea precisamente Yolanda Díaz.
Apostilla. Rodolfo Hernández debe aclarar si es un petrista in pectore. En caso de serlo, lo honesto sería salir políticamente del clóset lo antes posible.
