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Por medio de uno de los principales protagonistas de su novela Cándido, o el optimismo, publicada en 1759, Voltaire se burlaba abiertamente de los fantasiosos a través del doctor Pangloss, charlatanes cuyo papel es de conformismo y pasividad frente a los infortunios y las desgracias que acontecen en la vida. Para el escritor argentino Rubén Ríos, “el término ‘panglossianismo’ se usa para nombrar todo optimismo que no se funda empíricamente sino en inclinaciones de temperamento, presupuestos indemostrables o creencias… El sentido común contemporáneo es panglossiano, quizá como una forma de justificación de un modo de vivir… como una postura conveniente para afrontar las penurias y los infortunios”.
Pareciera que hoy Colombia se divide en dos principales bandos, y para ilustrar estas posiciones basta un ejemplo de noticias que aparecieron el mismo día en la misma página de El Tiempo (nov. 25 de 2020). En una, cuando al expresidente Santos le preguntaron en una entrevista: “¿Cómo analiza el estado del Acuerdo de Paz cuatro años después de la firma?”, él contestó: “Pues dada la complejidad y lo ambicioso de este acuerdo, creo que el balance después de cuatro años de la firma es bastante positivo. La fase inicial, lo que llaman el DDR —la desmovilización, el desarme y la reintegración— (de los guerrilleros) se hizo en un tiempo récord… Más del 94 % de los exguerrilleros se mantienen en el proceso de acuerdo a las cifras oficiales, pero por supuesto tiene las complejidades, las dificultades normales de cualquier acuerdo”. Al lado, en la misma página del periódico, la Fundación Ideas para la Paz (FIP) anuncia resultados bastante menos optimistas cuando resalta que las masacres, después de cuatro años del Acuerdo de Paz, se han casi cuadruplicado. Dicha Fundación añade que “mientras entre octubre del 2015 y septiembre del 2016 (el año en el que se firmó el pacto de paz) hubo 192 acciones de grupos armados, para el período de octubre del 2019 a septiembre del 2020, es decir, en el cuarto año del posacuerdo, esas acciones se elevaron a 318, lo cual significa que crecieron en un 65 %. Con la desaparición de las Farc como guerrilla, la aparición en escena de sus disidencias y el fortalecimiento del Eln cambiaron la configuración de la violencia ejercida por los grupos armados”. Así, expone la investigación, “antes del cese al fuego de las Farc (entre octubre del 2014 y septiembre del 2015), el 78 % de las acciones armadas eran responsabilidad de las Farc, mientras que al Eln se le sindicaba de un 16 %”.
En el sentido de que el Acuerdo de Paz no solo es exitoso, sino que “ha salvado miles de vidas”, la visión de un grupo de colombianos coincide con la del expresidente. Otro grupo cree que existiendo cerca de 80 grupos armados involucrados en el narcotráfico, incluyendo buena parte de las Farc, hablar de paz es una quimera panglossiana. Un bando calificaría al otro como fantasioso y este último afirmaría que su contradictor es guerrerista, tiene sed de venganza e incapacidad de perdonar. Hay un hecho que el gobierno anterior, por más optimismo que le ponga, no puede eludir: que dejó al país con más de 200.000 hectáreas de coca, la gasolina de todos los conflictos en Colombia desde los años 80. Arropándose con diversas mantas ideológicas, traficando coca y heroína, estas 80 pandillas son las culpables de la inmensa mayoría de la violencia en el país, incluyendo las masacres de los líderes sociales.
