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6 Jun 2021 - 3:00 a. m.

Evocando a Nicolás Gómez Dávila

Evocando a Nicolás Gómez Dávila

Nicolás Gómez Dávila fue el más importante pensador que Colombia ha tenido. En esta columna se hace una selección —pertinente a los tiempos en que vivimos— de algunos de sus escolios:

— Revolución es el período durante el cual se estila llamar “idealistas” los actos que castiga todo código penal.

— El acto de despojar de sus bienes a un individuo se llama robo, cuando otro individuo lo despoja. Y justicia social, cuando una colectividad entera lo roba.

— Las revoluciones no resuelven más problema que el problema económico de sus jefes.

— La izquierda pretende que el culpable del conflicto no es el que codicia los bienes ajenos sino el que defiende los propios.

— El joven se enorgullece de su juventud como si no fuera privilegio que tuvo hasta el más bobo.

—Para sofrenar las codicias, al demócrata solo se le ocurre abolir los bienes codiciados.

— La distancia entre jóvenes y viejos es hoy igual a la de siempre. Hoy se habla de “abismo” entre generaciones, porque el adulto actual se niega a envejecer y el joven, con el irrespeto debido, le asegura que envejeció.

— Los que pretendan abolir la alineación del hombre, cambiando la estructura jurídica de la economía, recuerdan al que resolvió el problema de su infortunio conyugal vendiendo el sofá del adulterio.

— El capitalismo es abominable porque logra la prosperidad repugnante vanamente prometida por el socialismo que lo odia.

— Las insolencias del adolescente no son más que patadas del asno que se acomoda al establo.

— No demos a nadie la ocasión de ser vil. La aprovecha.

— La felicidad del rico es el castigo del pobre envidioso.

— El mundo moderno nos obliga a refutar tonterías, en lugar de callar a los tontos.

— Un “socialismo con cara humana” es un aguardiente sin alcohol.

— “Ser útil a la sociedad” es ambición, o excusa, de prostituta.

— Para preservarnos del embrutecimiento, basta evitar conversaciones de jóvenes y diversiones de adultos.

— Un destino burocrático espera a los revolucionarios, como el mar a los ríos.

— La estupidez es el combustible de la revolución.

— Al demócrata no le basta que respetemos lo que quiere hacer con su vida, exige además que respetemos lo que quiere hacer con la nuestra.

— Las opiniones filosóficas del joven solo pueden interesar a su madrecita.

— El revolucionario es, a la postre, un individuo que no se atreve a robar solo.

— “Justicia social” es el término para reclamar cualquier cosa a que no tengamos derecho.

— El izquierdismo no es ideología de una determinada condición social, sino de una definible deformación mental.

— Las ideas de izquierda engendran las revoluciones, las revoluciones engendran las ideas de derecha.

— Al pueblo no lo elogia sino el que se propone venderle algo o robarle algo.

— La idea confusa atrae al tonto como al insecto la llama.

— La mente del marxista se fosiliza con el tiempo; la del izquierdista se vuelve esponjosa y blanda.

— Se acostumbra pregonar derechos para poder violar deberes.

— En el Estado moderno las clases con intereses opuestos no son tanto la burguesía y el proletariado como la clase que paga impuestos y la clase que de ellos vive.

— Los asesinatos políticos son lícitos hoy, siempre que el asesino sea de izquierda.

— El tonto alega su ambición en sus requerimientos al destino.

— Los reaccionarios contemplamos las claudicaciones de la izquierda con la misma fruición malévola que los anticlericales de pueblo contemplan los deslices del cura.

— Basta mirar al que nos insulta para sabernos vengados.

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