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La desaparición de un grande

Mauricio Botero Caicedo

05 de agosto de 2023 - 09:05 p. m.

La semana pasada desapareció el que seguramente ha sido uno de los más importantes historiadores que ha tenido Colombia: Malcolm Deas. El académico Manuel Lucena Giraldo, en un excelente artículo en ABC, retrata con precisión el talante de Deas: “Su actitud personal, liberal y optimista, tenía que ver, lo manifestó en uno de sus libros magistrales, Del poder y la gramática (1993), con su llegada a la vida académica a comienzos de los nefastos años 60, cuando las atrocidades del marxismo obligatorio y el cuantitativismo radical anunciaban la actual corrección política… Deas, que era muy británico, odiaba la actitud de las oleadas de académicos de baratillo europeos y estadounidenses que, en cuanto aterrizaban en un país hispano (o en España), se transformaban en gurús y se dedicaban a sentar cátedra”.

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Deas rechazaba el catastrofismo colombiano y la versión infantil de ciertos pseudohistoriadores y “colombianólogos” de que la historia de Colombia, desde la Conquista y la Independencia, ha sido una constante de violencia. Afirmaba Deas que, basado en lecturas superficiales de la historia, había mucho fatalismo en Colombia. El inglés era creyente en los acuerdos de paz, pero entendía que para llegar a ellos se necesitaba más que perdones e amnistías indiscriminadas. En entrevista con Ibsen Martínez en 2022, Deas afirmaba: “Uribe fue el único que dijo que había que golpear duro a las FARC y, al mismo tiempo, desmovilizar el paramilitarismo. Lograr que fuese el gobierno y solo el gobierno quien se hiciera cargo de las FARC. Era lo que tocaba hacer y Uribe lo hizo, lo logró y así deberíamos verlo hoy. El antiuribismo residual y eterno me resulta algo enfermizo. Bien visto todo, Uribe resultó no solo el hombre del momento sino, cabalmente, un estadista”.

En diálogo con El Espectador en 2021, Malcolm Deas cuestionó una infame publicación periodística que responsabilizaba al presidente Virgilio Barco del genocidio contra la UP. Para Deas, esas acusaciones no solo eran una irresponsabilidad sino un patético ejemplo de fake news: “Otra cosa que dejan ver los archivos de Barco y Gaviria es que tuvieron mucho afán por averiguar qué estaba pasando. Hubo un esfuerzo muy grande para saber quiénes eran los responsables. Es fantasioso pensar que alguien del talante de Barco iba a hacer eso, que secretamente estaba ordenando la masacre. Es bobo e incoherente… Barco fue un hombre muy serio. Él no fue un hombre solemne, pero tampoco fue un hombre frívolo. Uno ve que todas las tareas que emprendió estuvieron marcadas por la seriedad. El reto era hacer inteligible a un hombre que no tenía dotes de hacerse popular”.

¡Paz en la tumba de este gran amigo de Colombia!

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Apostilla. En un artículo en La Silla Vacía, la periodista María José Restrepo deja entrever que las relaciones con EE. UU. atraviesan un mal momento. Parte del problema es que Colombia, de manera inexplicable, se ha unido al “comité para el lavado y blanqueo de Nicolás Maduro”, esperpento diseñado en el Foro de São Paulo y encabezado hoy por Lula. Existiendo con el vecino del norte multitud de temas complejos para acordar, ir a Washington a mendigar que se levanten las sanciones a un sangriento déspota es de una inconcebible estupidez.

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