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La desaparición de un grande

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Mauricio Botero Caicedo
08 de enero de 2023 - 05:00 a. m.
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Por expreso deseo del difunto, en una ceremonia solemne, pero sobria, el pasado jueves 5 de enero se llevó a cabo el funeral de Benedicto XVI, en el que por primera vez en la historia un papa reinante enterró a otro papa. Hace cerca de 10 años el papa Benedicto XVI había dado uno de los pasos más trascendentales en los últimos siete siglos de la Iglesia: renunciar al papado. Este avance, que marcó la manera en que los papas deberían concebir sus pontificados, fue el gran legado del papa Ratzinger a la historia y abrió las puertas a que futuros pontífices puedan replicar su valiente decisión. Según los entendidos, más temprano que tarde, el papa Francisco va a renunciar. El columnista de El Debate de España Alfonso Ussía resume admirablemente lo que es la mayor revolución formal de la Iglesia en la era moderna: “El cansancio le doblega a Benedicto. Su inteligencia y su honradez religiosa, intelectual y humana le hacen ver que estos tiempos no le pertenecen. Y renuncia para encerrarse en la oración y el silencio, para hablar con Dios con la naturalidad y hondura de los humildes, de tú a Tú, de yo a Él”. Ussía cierra su magistral artículo con las siguientes palabras: “Se nos va el místico, el humanista, el intelectual, el sabio humilde, el servidor de Dios que se creyó incapaz de servirlo. Se nos muere la esencia de Europa, de aquel que retornó a la infancia para juntar las manos y pedirle a Dios que no se dejara vencer por el sueño. El Santo Padre de la Fe, la cultura, la inteligencia y la bondad”.

Benedicto XVI, ferviente anticomunista, llamó al muro de Berlín “frontera de muerte que durante muchos años dividió nuestra patria y separó por la fuerza a hombres, familias, vecinos y amigos”, y dijo que todas las acciones de la dictadura comunista fueron “siempre inmorales” y que el “partido” consideraba “bueno” todo lo que le servía, “por muy inhumano que fuera”. El papa Ratzinger tampoco simpatizaba con los curas que, buscando mezclar el vodka con el agua bendita, abrazaban la Teología de la Liberación, doctrina a la que Benedicto se refería como un “fácil Milenarismo, que creyó mejorar las condiciones de vida con la revolución”. (El Milenarismo es la herejía que cree en la inminencia del fin del mundo y el advenimiento de un reino terreno de paz y justicia perfectas que duraría mil años.) El papa tedesco dejó claro que “la misión de la Iglesia es religiosa, pero se abre a las soluciones de los grandes problemas sociales”. Y si bien Benedicto consideraba que la Teología de la Liberación no tenía justificación alguna, lo que aborrecía era la pretensión de muchos curas, entre ellos Domingo Laín y el cura Pérez del Eln, de embutirle al pueblo –utilizando la violencia letal de la dinamita y los Kalashnikovs– el peregrino coctel de agua bendita y vodka.

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Apostilla: el competente ministro de Comercio, Germán Umaña, acordó con el dinámico presidente de Confecámaras, Julián Domínguez, que las cámaras de comercio destinaran el 30 % de los ingresos por renovación de la matrícula mercantil a impulsar el desarrollo productivo del país otorgando financiamiento a emprendedores y microempresas. En mi columna del pasado 31 de diciembre, citando la firma Sr. Buñuelo, un pequeño emporio que arrancó con un préstamo de $40 millones, esta era precisamente la recomendación.

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