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La estatización será metódica y definitiva

Mauricio Botero Caicedo

01 de febrero de 2026 - 12:06 a. m.

¿Qué quiso decir Benito Mussolini, padre del fascismo, cuando afirmó “todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”? Que el individuo solo no tiene valor por sí mismo: su trascendencia es solo en función del Estado, y que los derechos, libertades y opiniones no son constitucionales, sino concedidas por el Estado. Mussolini hablaba del fascismo como una “concepción total de la vida”. En el fondo, y por más que irrite a los “mamertos de salón” y que haya algunas diferencias en el lenguaje, al compartir el mismo ADN la lógica totalizante de la extrema izquierda y del fascismo es exactamente la misma. Es lo que Hannah Arendt (The origins of Totalitarianism,1951) identificó como el corazón del totalitarismo moderno, independientemente del color ideológico.

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Iván Cepeda, el candidato marxista de la extrema izquierda, aparte de prometer profundizar la totalidad de las reformas de Petro, no se ha pronunciado mucho sobre lo que haría en su gobierno. Amilanado rehúye el debate con los otros candidatos con el peregrino argumento que sólo asistirá a debates con unas “reglas acordadas”, reglas que por supuesto es él quien las va a dictar. Tampoco habla de sus propuestas en diversos campos, aduciendo que “su equipo está trabajando en ellas”. Pero si hay dos ideas recurrentes en los escasos planteamientos de Cepeda es el que va a posicionar al Estado como orientador de prácticamente todos los ámbitos de la vida económica y social; y el que sin descanso va a seguir impulsando una Asamblea Constituyente que reordene los poderes públicos con la finalidad de reducir y/o eliminar los contrapesos considerados “elitistas” o “capturados” (“bloqueo institucional”, lo llaman ellos), Asamblea cuyo objetivo final es el de fortalecer la capacidad de acción del Ejecutivo en nombre de la voluntad popular. ¿Pero qué es lo que la extrema izquierda, con Petro y Cepeda a la cabeza, buscan con su pretensión de modificar la Constitución? Germán Vargas Lleras, en su columna en El Tiempo del pasado 18 de enero, contesta de manera sucinta: “Quieren, además, reconfigurar la propiedad privada, limitar hasta donde sea posible la iniciativa particular y, como es bien sabido, la estatización de cuanta actividad defina como estratégica. Quieren recentralizar recursos y competencias para subordinar alcaldes y gobernadores. Quieren acabar con la independencia del Banco de la República, porque la disciplina monetaria es incompatible con el populismo fiscal que promueven. Quieren acabar con el sistema de pesos y contrapesos, neutralizar a las cortes y a los órganos de control, porque los límites al poder les resultan insoportables. Quieren un Congreso obediente o irrelevante. Quieren, en suma, un Estado gigante, omnipresente y omnipotente, y un gobierno sin freno ni limitación. Un Estado como el que se instaló hace más de dos décadas en Venezuela”.

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En este gobierno el Estado está en casi todas partes, menos donde hace falta: las dos terceras partes de los municipios están bajo control total o parcial de los grupos al margen de la ley; la salud es un caos; y la crisis económica en ciernes es monumental. Cepeda se compromete a profundizar las reformas de este gobierno y, como lo observaba un analista, en el remoto caso de ser él elegido “la estatización será metódica y definitiva”.

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