Los que tienen una marcada predilección por el estatismo, o notoria inclinación en contra del sector privado, tildan a todos aquellos que no comulguen con sus sesgos como “neoliberales”, término acuñado en los años 40 por los economistas Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. A juicio de Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel de Literatura, “el neoliberalismo es utilizado como una etiqueta para caricaturizar al liberalismo” y hacerlo responsable de todas las calamidades. Eso es lo que produce ese apelativo de neoliberalismo. Neoliberal “es algo que se asocia con el explotador, el defensor de instituciones anacrónicas, injustas; el neoliberal es el que tiene una visión fundamentalista del mercado, alguien que en última instancia defiende el sistema de explotación, de abuso, de expropiación del trabajo… El neoliberalismo es un chivo expiatorio al que le endosan todas las calamidades presentes y pasadas de la humanidad”.
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¿A qué se debe esa inquina del izquierdista o progresista contra los neoliberales? Principalmente a que los neoliberales no comulgan con que sea el Estado, y no los individuos, el que está mejor posicionado para tomar las decisiones en el campo económico, decisiones que al final de día terminan tomando los burócratas. La idolatría por el Estado, característica del izquierdista y del progresista, conlleva a proponer que casi la totalidad del poder se concentre, omnímodo, de la presidencia. Y al estar el poder concentrado en un Estado con supremacía ilimitada, se traduce en el imperio de la fuerza bruta, muchas veces por medio de milicianos armados o integrantes de la primera línea. El colectivismo o estatismo, según Ayn Rand, afirma que la vida y el trabajo del hombre “pertenecen al Estado —a la sociedad, al grupo, a la pandilla, a la raza, a la nación— y que el Estado puede disponer de él de cualquier forma que le parezca, en aras de lo que considere su propio bien colectivo y tribal”. Al anverso de la moneda, el neoliberalismo defiende el libre mercado y el gobierno limitado como claves para el avance tecnológico y la prosperidad económica. Para la mayoría de los neoliberales, casi todo tiene un precio —implícito o explícito— y es ese precio el que les da las señales a los diferentes actores, llámense productores, prestadores de servicios o consumidores.
En Colombia, para el actual Gobierno, neoliberalismo es lo que produjo el uribismo, la violencia y el raquitismo económico. Neoliberal, como lo anotaba recientemente un político, es todo aquel que no sea petrista… el de extrema derecha, muy seguramente apátrida, facho y presumiblemente paramilitar. La finalidad del izquierdista y del progresista al descalificar a su adversario es humillarlo y deshumanizarlo, lo que facilita apartarlo de la sociedad; arrebatarle el poder de llegar a tenerlo y tratarlo como a un paria para eventualmente exilarlo, encarcelarlo o asesinarlo.
Apostilla 1: Aplausos infinitos —por un manejo acertado y exento de torpezas— a todos en el Gobierno que han intervenido en el tema de los pasaportes. ¡El estatismo en todo su esplendor!
Apostilla 2: Admirable la agilidad del UNGRD en la compra de los carrotanques para La Guajira. Inició de cero el proceso a las 8 a.m. y a las 4 p.m., a dedo, ya estaba adjudicado.