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Las insensatas teorías del “decrecimiento”

20 de septiembre de 2026 - 12:06 a. m.

Existe una falsa percepción entre ciertos sectores, principalmente en la izquierda, según la cual el crecimiento económico exige necesariamente consumir cada vez más recursos naturales. Sostienen que al tener la Tierra una cantidad finita de materia y energía, el crecimiento económico terminará chocando contra límites físicos. En reciente artículo en Human Progress, el académico Mark Koyama argumenta: “Este error se remonta a los críticos de la economía que no comprendieron la revolución marginalista de la década de 1870, es decir, el nacimiento de la economía moderna. El crecimiento económico tiene que ver con el valor. Significa producir más de aquello que los individuos valoran. Mientras que los partidarios del decrecimiento asocian el crecimiento económico con el daño ambiental, la deforestación y el desprecio por nuestro entorno natural, con frecuencia el crecimiento económico trae consigo más parques, reforestación y un aire más limpio”.

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Los exégetas del “decrecimiento” no han asimilado que el crecimiento económico es y ha sido el instrumento más eficaz para sacar a centeneres de millones de personas de la pobreza. Según cifras del Banco Mundial, si los badulaques del “decrecimiento” hubieran tenido la menor influencia en países como la China, India, Vietnam y Bangladesh, aproximadamente 2.000 millones de personas seguirían en la extrema pobreza. Prestigiosos economistas como Dan Rodrik y Martin Raviallion llevan décadas explicando que, si los ingresos medios en un país no aumentan en países pobres, como es nuestro caso, las posibilidades de eliminar la pobreza absoluta son extraordinariamente limitadas. Los economistas David Dollar y Art Kraay, en su estudio "Growth is Good for the poor", estudiaron cerca de 80 países durante cuatro décadas y encontraron que, en promedio, “cuando aumente el ingreso de una economía, el ingreso del 20 % más pobre aumente aproximadamente en la misma proporción”. Es más, la gran parte de la pobreza extrema vive es en países cuyo nivel de crecimiento económico es relativamente bajo. Si algo podemos aprender del fracaso de Cuba y Venezuela es que no se puede repartir indefinidamente una riqueza que no se produce.

Hablar que en Colombia —país en que existen serias falencias en vivienda, agua potable, alcantarillado, escuelas, universidades, centros de salud y capacitación, clínicas y hospitales, carreteras, electricidad y saneamiento y auxilio en la vejez (pensiones)— renuncien al crecimiento en aras de un muy discutible argumento de que el “decrecimiento” favorece a la humanidad, es de una candidez que raya en el disparate. Más que la bobería de no crecer, el enorme esfuerzo debe ser el aumento en productividad. En el campo de los alimentos, lo que quiere decir es que, con menos tierra, agua, fertilizantes y energía, podamos producir igual o bastante más comida y de esa manera sí poder afirmar que gozamos de relativa “seguridad alimentaria”.

Apostilla. Según informes de prensa, tras fuertes diferencias internas en el petrismo, piden a sus seguidores no ventilar sus fuertes diferencias en público. Es decir, lavar la ropa sucia en casa. ¿Habiendo tal cantidad de ropa sucia por lavar, obtendrán suficiente detergente?

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