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“La violencia contra las mujeres y las niñas es una lacra global que no conoce fronteras geográficas o culturales. Sin embargo, las mujeres en situación de exclusión, entre ellas las mujeres y niñas pobres, son el colectivo más vulnerable a padecer este tipo de violencia, a menudo a manos de sus maridos o parejas. La violencia contra mujeres y niñas adopta diferentes formas, entre ellas la violencia en el hogar, los abusos sexuales, el matrimonio infantil, la trata sexual, los denominados «crímenes de honor» y la mutilación genital. Las violencias contra mujeres y niñas están radicadas en la desigualdad de género que las mujeres sufren durante toda su vida, desde la infancia hasta la vejez. Quienes cometen este tipo de ataques creen que las violencias contra mujeres y niñas son algo normal o conductas aceptables, aprobadas por la sociedad. Creen que pueden infligir violencia con total impunidad”.
Al leer sin prevención los anteriores principios de la ONG inglesa, Oxfam, el lector queda impactado con los loables propósitos que en teoría profesa la ONG. Pero como reza el dicho popular, “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Oxfam, a regañadientes, reconoció que varios de sus miembros contrataron prostitutas y realizaron orgías en Haití durante la misión humanitaria posterior al devastador terremoto de 2010. La ONG británica respondió a una investigación del diario The Times publicada este viernes y titulada “Oxfam en Haití: era como una orgía de Calígula con prostitutas en camisetas de Oxfam”. El Times también señala que no es la primera denuncia sobre “comportamiento sexual inapropiado que encara la ONG en los últimos meses” y que sólo el año pasado se detectaron 120 casos de abusos sexuales por parte de los integrantes de las ONG en Inglaterra, de los cuales 78 (el 70 %) eran de integrantes de Oxfam. Pero todo parece indicar que las conductas ilícitas de esta ONG van más allá de la contratación de prostitutas, dado que la pedofilia y el abuso de menores también estaban en la agenda. Oxfam, que recibe al año US$1.000 millones de fondos del Gobierno, la ONU y donaciones públicas, también ha sido acusada en España de mal manejo de fondos. En el libro titulado Objetivo Intervida, el detective Francisco Marco y el periodista Javier Chicote se refieren a Oxfam como una “ONG que presume transparencia, pero donde todo es «opacidad»”.
Oxfam profesa perseguir dos loables valores: la defensa de la mujer y la “justicia económica”. Lo de defensa de la mujer no deja de ser una macabra burla a los donantes. En cuanto a la “justicia económica”, la ONG enfoca sus esfuerzos en demostrar, manipulando las estadísticas, que hay una enorme desigualdad de la riqueza en el mundo. Pero en vez de formular soluciones para estrechar la brecha, exige —por medio de impuestos confiscatorios— sacrificar en el altar de la igualdad el sistema de mercado de libre empresa. Como era de esperarse, los espurios argumentos de Oxfam en contra del desarrollo han tenido amplio eco en los sectores de extrema izquierda. En Colombia, a esta ONG se le han abierto las puertas del Congreso para atacar y denunciar a los creadores de empleo en el sector agroindustrial.
Pero los delitos de Oxfam no se limitan a Haití, Inglaterra y España. Todos los días aparecen nuevas acusaciones: Chad, Guatemala, Sudán del Sur. ¿No habrá llegado la hora de revisar a fondo las conductas de Oxfam en Colombia, país donde fungen como depositarios de la verdad revelada?
