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No obstante estar bien entrado septiembre, las ratas “pinchallantas” de Bogotá y Funza siguen haciendo su agosto. Por segunda vez, en la calle 13, el autor de esta nota ha caído en manos de estos roedores. Las bandas de delincuentes se componen de 5 a 6 personas: el primero, un “campanero”, identifica a la víctima y le avisa al encargado de poner los pitos (pequeños tubitos de acero cortados a 45 grados e incrustados en un cartón) que penetran los neumáticos. Cuando pinchan, una tercera rata -que funge de ángel guardián- se acerca al conductor a decirle que el neumático está en el suelo, pero que hay un montallantas en la misma cuadra. Al orillarse el carro aparece una cuarta rata con gato y varilla, que ofrece llevar la rueda al montallantas. En el trayecto o en el primer descuido sale una quinta rata que se encarga de meterle cuchillo al neumático. Una sexta rata recibe el neumático y, con cara de absoluto asombro, le dice al conductor que la llanta no es que tenga uno o dos pinchazos, sino siete u ocho… pero que está muy de suerte porque le acaban de llegar unos parches que le permitirán solucionar el incidente a un costo razonable, que se puede acercar al millón de pesos. En cuestión de pocos minutos el grupo de cinco o seis ratas se anota un paseo “millonario”. La banda en un buen día se puede embolsillar entre $10 y $15 millones.
¿Existe alguna forma en que el ciudadano se pueda defender de las bandas de ratas “pinchallantas”? Mientras las autoridades sigan solo observando con ojos estúpidos y bovinos estos atracos, hay poco que hacer. Hace unas semanas, el director de la revista Motor, José Clopatofsky, afirmaba: “En ese punto la autoridad puede intervenir pidiendo documentos del ‘pinchallantas’, licencias de funcionamiento, elementos de seguridad, situación higiénica, facturas de las herramientas, etc., y eventualmente clausurar el sitio que indefectiblemente volverá a operar. Además, estos atracadores abren y cierran los ‘chuzos’ ocasionalmente para evitar ser fichados y van cambiando de lugares de operación”. Casi todo micro y pequeño empresario en Colombia suele ser acosado permanentemente por las autoridades, desde la DIAN, pasando por el Ministerio de Trabajo e incluyendo las diferentes secretarías municipales, como aquella de la Salud. Imposible que en Bogotá y Funza no puedan organizar brigadas especializadas contra estas ratas (que generalmente operan es en espacios públicos) exigiendo todo tipo de requisitos, incluyendo las facturas electrónicas. Como no van a tener documentos al día, deberán proceder al cierre inmediato. ¡Mientras las autoridades sigan con los brazos cruzados, no hay la menor duda de que las bandas de ratas “pinchallantas” seguirán prosperando y pronto se extenderán a otros municipios! No en vano, en reciente artículo en El Tiempo (Sept. 10/23), se afirma que la rata común (Rattus rattus) es una de las tres especies invasoras más extendidas en el mundo.
Apostilla: el hada madrina de la “primera línea”, Gustavo Bolívar debió celebrar el incendio, con policías adentro, del CAI de Suba. Es más, insinuó que eran los mismos policías que incendiaban a sus compañeros. ¿Merece un patrocinador de facinerosos ser alcalde?
