En reciente entrevista en el diario El Mundo, el demógrafo estadounidense Nicholas N. Eberstad afirma que “la humanidad se asoma a su primer declive de población desde la Peste Negra, a causa de un enigmático desplome mundial del deseo de tener hijos que nadie ha sabido revertir”. Eberstadt adicionalmente sostiene que hemos entrado en una etapa histórica diferente: “La persistencia de tasas de fecundidad muy bajas significa que numerosas sociedades deberán aprender a funcionar con poblaciones cada vez más envejecidas y, eventualmente, decrecientes”. Pero la parte más sorprendente de la conferencia de Eberstad es cuando sostiene que el celular está actuando como una tecnología anticonceptiva: “No se trata obviamente de que el celular impida la concepción, sino que impide o retrasa algunas de las circunstancias sociales que conducen a tener relaciones íntimas”.
Para el investigador John Burn-Murdoch del Financial Times “la caída reciente de la fertilidad parece estar cada vez más vinculada no sólo a que las parejas tengan menos hijos, sino a que hay menos parejas. En Estados Unidos y otros países ricos ha caído fuertemente la proporción de jóvenes casados o cohabitando”. Otros investigadores de la Universidad de Cincinnati, Nathan Hudson y Hernán Moscoso-Boedo, analizan el despliegue de internet móvil de alta velocidad y sostienen la hipótesis de que una parte importante del derrumbe de la fecundidad adolescente posterior a 2007 se produjo porque disminuyó la interacción presencial no estructurada entre jóvenes en razón a que los smartphones alteraron la forma en que los adolescentes pasan el tiempo juntos. Todo parece indicar que las interacciones digitales están sustituyendo, por lo menos en parte, las relaciones presenciales.
Más allá de las hipótesis de si son o no son las redes sociales las causantes del notorio decrecimiento de la población mundial, la pregunta de fondo es cómo se va a sostener un nuevo modelo en el que ya no habrá suficientes trabajadores para financiar la pensión y la salud de aquellos que se jubilaron ayer o en los próximos años. El problema que van a enfrentar los países es pretender mantener intactas las promesas económicas, sociales y geopolíticas de la población mientras la base que debe financiarlas se encoge. La OCDE afirma que en el año 2000 había solo 22 personas mayores de 65 años por cada 100 personas en edad laboral; en el 2050 serán 52 y en el 2084, 68. Podemos tener la certeza de que, de no aumentar las edades de jubilación, la “pirámide” pensional se desploma.
Apostilla. Admirable la respuesta nacional e internacional ante la magnitud de la tragedia del terremoto. Es ejemplar cómo los colombianos han mostrado la solidaridad con sus compatriotas en el occidente colombiano. Es necesario, sin embargo, calificar de “bellacos” a todos aquellos que se han aprovechado de la tragedia del terremoto para sacar ventajas políticas y/o injuriar a sus opositores.