En el ocaso de su vida, cuando debería estar repartiendo sabiduría como lo hace el expresidente de Uruguay, Pepe Mujica, el presidente del Brasil, Lula da Silva, se ha puesto en la ingrata, desagradable e, incluso, antihigiénica tarea de blanquear la imagen de uno de los más corruptos dictadores que ha padecido el continente, aduciendo con rayana ingenuidad que Maduro es víctima de una narrativa. Para su sórdido intento de limpieza, Lula cuenta con tres compinches de lavandería: el bobazo del expresidente español Rodríguez Zapatero, el exmagistrado prevaricador Baltasar Garzón, y la fashionaria y líder de la extrema izquierda española Yolanda Díaz. Lula está lejos de que toda la izquierda lo acompañe en su papel de blanqueador. El expresidente español Felipe González ha manifestado que nunca apoyará la operación de blanqueo, añadiendo que el régimen de Maduro, mientras algunos intentan limpiar su imagen, sigue robando, torturando y reprimiendo.
En su rol de blanqueador, aparte de los elementos corrientes en las labores de limpieza como el percarbonato, el cloro, la lejía, y el desengrasante, Lula va a necesitar cantidades industriales de quitamanchas, especialmente aquellos que remueven manchas difíciles como las de la sangre. Registra Amnistía Internacional que, según la organización de derechos humanos Comité de Familiares de Víctimas del Caracazo (Cofavic), “hasta septiembre, las fuerzas de seguridad habían efectuado 488 presuntas ejecuciones extrajudiciales en diversas partes del país. Las personas responsables de esos actos quedaron impunes”. Además, un nuevo informe de la ONU detalla “las responsabilidades por crímenes de lesa humanidad para reprimir a la disidencia y pone la lupa en la situación en las zonas mineras remotas. La Misión ha documentado 122 casos de víctimas que fueron detenidas por la DGCIM, de las cuales 77 fueron sometidas a tortura, violencia sexual u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes (…) La tortura se llevó a cabo en su sede La Boleíta, en Caracas, y en una red de centros de detención encubiertos en todo el país”.
¿Será que Lula no se ha dado cuenta, como bien lo señala Miguel Henrique Otero, director del diario El Nacional, de “que el régimen venezolano no es una dictadura normal, de estructura piramidal; que es una corporación criminal que tiene como fundamento económico las operaciones ilegales?”. En Venezuela el sistema judicial, como bien lo señala Otero, funciona como en la Alemania Oriental antes de caer el muro.
Con frecuencia está tan sucio el objeto que se pretende blanquear, que el blanqueador termina igual o aun más manchado que el objeto de la lavada. A Lula, medio salpicado por la Operação lava jato, le puede pasar que no solo sus esfuerzos de blanqueo sean en vano, sino que termine igual o más sucio que Maduro.
Apostilla 1: extraño gobierno que sostiene a un drogadicto durante 10 meses como embajador. Mantener silencio y solo hoy señalar la drogadicción tiene tufo de bellaquería.
Apostilla 2: aquellos que viven entre lobos aprenden a aullar; y aquellos que viven o hacen la limpieza entre ladrones, aprenden es a robar.
Apostilla 3: cada día se confirma la sentencia de que hay más víctimas en el reparto del botín que durante el asalto.