EN LOS ÚLTIMOS MESES UN DICTAdor en la sombra y otro en ejercicio patean sin piedad la lonchera, sin percatarse —es de suponer— de las consecuencias a mediano y largo plazo de sus patadas.
El primer ejemplo es el de Vladimir Putin, aquel todopoderoso zar en las tinieblas de Rusia que pretende en vano subyugar a Europa Occidental y Oriental, y al Asia Central, utilizando el petróleo y el gas natural como la soga con la cual ambiciona estrangular estas economías. Putin, con manifiesta ignorancia de los vaivenes de los precios de la energía, firmó contratos a largo plazo para el suministro de gas con varias de las repúblicas euroasiáticas a precios considerablemente por encima de los que rigen en el mercado hoy, poniendo a las empresas rusas de energía, principalmente a Gazprom, en serias dificultades financieras.
Europa Occidental, cuando el entonces presidente ruso con perversidad y torpeza decidió en pleno invierno cortarles el suministro de gas, se percató de que los soviéticos eran un proveedor tan errático como poco confiable y reactivaron sus políticas de seguridad energética. Varios países, en concreto Suecia y Alemania (durante muchos años renuentes a la energía nuclear), han reiniciado sus programas de energía no convencional. Europa Occidental no está dispuesta a ser rehén de las caprichosas ambiciones imperialistas de Putin.
El otro que insiste en patear la lonchera es el comandante Hugo Chávez. El venezolano está cometiendo tres errores crasos, errores que comprometen la sostenibilidad en el tiempo de Pdvsa, la compañía a cargo de la exploración, producción y comercialización de petróleo en Venezuela: el primer error es imponerle una carga directa en la forma de proyectos sociales como son los mercados populares y los programas de educación y salud. Cómo bien lo señala un analista venezolano: “El hecho de que Pdvsa tenga que hacerse cargo de la ejecución de una amplia y creciente gama de programas sociales revela, por una parte, que el Estado venezolano y su administración pública están quebrados e inhabilitados para cumplir sus roles básicos de provisión de servicios sociales, y por la otra, se pone en evidencia el calamitoso destino que le depara a la empresa de continuar el curso que trae”.
El segundo error de Chávez es la nacionalización de las empresas extranjeras que prestan bienes y servicios esenciales para la industria petrolera, principalmente los relacionados con procesos que permiten incrementar el factor de recuperación secundaria de los yacimientos de los crudos pesados, especialmente en la franja del Orinoco. Pdvsa no tiene la tecnología necesaria para adelantar por sí sola estas tareas.
El tercer error del chafarote venezolano es asfixiar a los proveedores nacionales y extranjeros del sector petrolero y poner en serio peligro la estabilidad financiera de Pdvsa. Las cuentas por pagar a los proveedores sobrepasan 14.000 millones de dólares, mientras que los pasivos financieros se sitúan en 70.000 millones de dólares, siendo en 2006 sólo 30.000 millones de dólares. Pero lo que es posiblemente más delicado es que Pdvsa registra 24.000 millones de dólares en cuentas por cobrar, principalmente de Cuba, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, cuentas que muy seguramente nunca se van a poder cobrar.
Tanto Rusia como Venezuela dependen de los ingresos de venta del petróleo y del gas para mantener a flote sus economías. El ruso, en el fallido intento de chantajear a los europeos occidentales y de crear un monopolio del gas, comprometió las finanzas de sus empresas y los ingresos futuros de la nación. El venezolano insiste en socavar la sostenibilidad de Pdvsa, empresa que al final del día es la que le provee los recursos para mantener su precaria revolución bolivariana. Por qué este par de necios patean la lonchera es un enigma para el autor de esta nota.