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Lo que ocurrió el pasado domingo en España no fue tanto una victoria de la derecha, sino la contundente derrota de Pedro Sánchez, del PSOE, y sus aliados en la extrema izquierda. Podemos pasa de 47 diputados a solo 15, y en las comunidades de Madrid y Valencia queda por fuera. El Partido Comunista, encabezado por Enrique Santiago (el siniestro personaje que en La Habana asesoraba a las FARC), ni siquiera registra. Buena parte de la debacle de Podemos la tiene Irene Montero, ministra de la Igualdad y pareja de Pablo Iglesias, uno de los fundadores de dicho partido. La Montero, cuya experiencia laboral antes de ser ministra se limitaba a ser cajera en un supermercado, conoció a Iglesias cuando ambos militaban en las Juventudes Comunistas. Dogmática e ideologizada, Irene Montero es la autora de la ley de ‘solo sí si es sí’, cuyas funestas y alarmantes consecuencias fueron más 500 rebajas de condena a agresores sexuales y 30 excarcelaciones a delincuentes condenados. No corregir la ley del ‘solo sí es sí’ fue una actitud de “soberbia infantil” de la ministra de la Igualdad, aseguró Manuela Carmena, exalcaldesa de Madrid.
¿Qué contribuyó a la derrota de la izquierda? Daniel Martín, analista del diario El Debate, plantea unas hipótesis, entre ellas las sospechas de fraude electoral con participación de los socialistas en distintos puntos y la campaña enturbiada con la presencia de antiguos miembros de ETA engrosando listas municipales en el País Vasco. Con Podemos prácticamente desaparecido y con un PSOE claramente a la baja, Sánchez, jugándosela el todo por el todo, se arriesgó a adelantar a elecciones el 23 de julio. ¿Y qué lleva a Sánchez, un personaje más ladino que taimado, a jugársela solo unas pocas semanas después de su apabullante derrota? Muy seguramente no tiene muchas otras opciones. Buena parte de España va a estar el 23 de julio veraneando y Sánchez le apuesta a que los que estarán ausentes a finales de julio son precisamente los electores más afines con la derecha. A Sánchez la suerte de España le resbala, pero una izquierda unida —temerosa de perder su poder e influencia, por no hablar de su habilidad en ordeñar el erario— sí tendría posibilidades de ganar.
El analista Luis del Pino plantea, entre otras, cuatro hipótesis para explicar el actuar de Sánchez:
- Para empezar, corta de raíz todo movimiento interno en el PSOE. Al partido no le queda otra que cerrar filas y hundirse o salvarse con su supremo y amado líder. Sánchez ha ligado la suerte del partido a la suya: un PSOE sin poder territorial y sin Moncloa estaría muerto.
- Si le sale mal, se carga al PSOE y a toda la izquierda, pero eso le importa tres cojones. Si le sale bien, se garantiza cuatro años y se descojona de todo el mundo. Mucho que ganar, nada que perder, así que ¿por qué no intentarlo?
- Y lo que más gustito le da a Sánchez es que los que más lo odian en la izquierda serán los que más le ayuden a salir airoso. Porque, si no, la izquierda está muerta. En realidad, no hay nada nuevo bajo el sol. Ya lo hacían los romanos.
- En las galeras, los esclavos que hacían de remeros estaban encadenados a los bancos. ¿Qué efecto tenía eso? Pues que los primeros interesados en que el barco no se fuera a pique eran los propios esclavos, porque se hundirían con él.
