Con el objetivo de reorientar las “finanzas verdes” hacia actividades que contribuyen a reducir los gases de efecto invernadero y respondiendo a la grave crisis energética por la escalada de los precios del gas, unas horas antes de llegar el 2022 la Comisión Europea estableció criterios taxonómicos que permitirán clasificar como “sostenibles” y “verdes” las inversiones en centrales nucleares o de gas natural para la producción de electricidad. ¿Cuáles países están detrás de esta iniciativa? Principalmente Francia, que quiere relanzar su sector nuclear, y países de Europa central como Polonia y República Checa, que deben reemplazar sus centrales de carbón más contaminantes. Según informes de prensa, el ministro alemán de Economía, Robert Habeck, expresó su disgusto con la propuesta: “Etiquetar la energía nuclear como sostenible es un error con esta tecnología de alto riesgo”. Habeck también ve “cuestionable” la inclusión del gas en la taxonomía. Y defiende que la apuesta para la transición energética debe centrarse en el hidrógeno verde.
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Pocas veces en la historia de la Comunidad Europea se ha visto igual grado de hipocresía y craso mercantilismo como el desplegado antes de finalizar la Nochevieja. Declarar el gas natural de “limpio y sostenible” es un insulto a la sensatez y a la inteligencia. En la extracción de este combustible fósil y no renovable se emiten gases y partículas que aumentan la contaminación atmosférica, y si bien es verdad que la combustión de gas natural produce menos dióxido de carbono que el petróleo (en torno al 15 o 20 % menos CO2 que la gasolina), dicho combustible libera otros gases muy contaminantes, como mercurio y óxidos de nitrógeno y azufre, que son en parte responsables de fenómenos como la lluvia ácida y el smog.
El caso de la energía nuclear es algo diferente. James Lovelock, el científico independiente que creó la hipótesis Gaia (una hipótesis que considera al planeta como un sistema autorregulado), asegura que los efectos del cambio climático pueden ser catastróficos para la humanidad, pero no para la Tierra que, tarde o temprano, se recuperará. Para Lovelock, “los ecologistas consideran que lo nuclear es demoníaco. Sin embargo, se trata de una energía natural. El universo no es más que una infinita cadena de explosiones nucleares; cada estrella es un reactor nuclear, y en nuestro planeta existen ‘reactores espontáneos’ creados por microorganismos. Las centrales nucleares son fenómenos que existen en la naturaleza”. Pero también es una realidad que las centrales nucleares producen residuos radioactivos que se mantienen activos durante cientos de miles de años, sin haber actualmente opciones para almacenarlos de manera segura y confiable.
Mezclar lo nuclear con lo fósil, como hace la Comisión Europea con la taxonomía, es una majadería científica. Afirmar que son combustibles “verdes y sostenibles” es añadir deshonestidad a la estulticia.
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Apostilla: Según informes del diario ABC, de España, el Tribunal Superior de Justicia de las Islas Baleares, en un juicio entre un acreedor y su cuñada morosa, avala una novedosa jurisprudencia confirmando la legalidad de pedir felaciones para saldar una deuda. Sobra decir que la argumentación, tanto de los abogados como de los magistrados, fue oral.