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Mientras el gobierno establecía relaciones de dudoso interés con múltiples países africanos, y se llenaban los cargos diplomáticos con sujetos manifiestamente incompetentes, las relaciones con Ecuador, Perú, Bolivia e Israel desaparecían, y aquella con EE. UU. se fracturaba.
Aunque el artículo 189 de la Constitución le otorga al presidente la dirección de las relaciones internacionales, este poder está sujeto al control político o judicial. No obstante, durante este cuatrienio las relaciones exteriores del país fueron conducidas con capricho y torpeza.
Reactivar la relación con EE. UU. e Israel, al igual que fortalecer aquella con Ucrania, va a ser esencial para derrotar al narcoterrorismo. Tanto Israel como Ucrania le pueden aportar a Colombia equipos y tecnología (especialmente drones); herramientas para la protección de instalaciones militares, policiales y energéticas; sistemas de alertas tempranas; guerra electrónica ofensiva y defensiva; comunicaciones resistentes a interferencias; capacitación de operadores e ingenieros; y producción local de todo tipo de armamento. Ucrania se ha convertido en una referencia mundial en el desarrollo, adaptación y empleo masivo de drones en combate real, influyendo incluso en cómo otros ejércitos están rediseñando sus doctrinas militares. Mientras el narcoterrorismo maneja drones de última generación y comunicaciones satelitales, este gobierno maneja, con muy pocos resultados, cháchara.
El fracaso de la llamada Paz Total nos deja como legado la mayor producción de cocaína en la historia, generando en 2024 16.500 millones de dólares que terminaban en las organizaciones criminales en Colombia. De acuerdo con una investigación de la Universidad Eafit, la cocaína pasó de representar alrededor de 0,8 % del PIB en el 2014 a 4,4 % en una década después, pasando de menos de 300 toneladas a cerca de 3.000. El presidente electo Abelardo de la Espriella anunció que Colombia hará parte del Escudo de las Américas. En su carta a De la Espriella, el secretario Peter Hegseth afirmó: “Invitamos a revigorizar la alianza militar entre ambos países para así acabar con la producción de los mortales narcóticos y erradicar la plaga narcoterrorista de nuestro hemisferio”.
Insistimos, para poder enfrentar al narcoterrorismo Colombia necesita reconstruir redes de inteligencia humana, fortalecer la contrainteligencia, y adoptar las nuevas tecnologías, muy especialmente drones de última generación. Nunca más podremos aceptar lo relevado por Ricardo Calderón en Caracol en el sentido de que la depuración en las Fuerzas Armadas fue por las exigencias de los narcoterroristas. ¡El enemigo nos cogió ventaja!
Apostilla. Es necio no reconocer que en el país existe una división entre los que creen en la democracia y el mercado; y los que prefieren el modelo socialista. Pero, al no tener en cuenta los votos de los contratistas y funcionarios que hacen parte del empleo militante que factura mas no trabaja, y el “voto fusil” que con sus Kalashnikovs doblegó a parte de la población para que votara por el candidato oficialista, es igualmente necio afirmar que el país está dividido en partes iguales.
(Nota: Esta columna dejará de aparecer las próximas cuatro semanas).
