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Respirando en la nuca

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Mauricio Botero Caicedo
02 de octubre de 2016 - 02:00 a. m.
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Una vez superada la semana de bombos y platillos en torno a la paz, el Gobierno no tendrá alternativa diferente que zambullirse en la fría piscina de la realidad, porque va a tener a los antiguos miembros de las Farc respirándole en la nuca para que cumpla los 114 compromisos adquiridos en La Habana, entre ellos, ¿cómo va a proveer de una pensión a todo campesino? Algunos analistas, tan despistados como bien intencionados, abogan para que se ponga el acelerador al gasto público, “pasándose por la galleta” la regla fiscal y embolatando de paso la reforma tributaria.

Para el autor de esta nota, estos analistas no pueden estar más equivocados. Primero, porque parten de una premisa falsa: que lo acordado en La Habana y firmado en Cartagena el pasado lunes 26 de septiembre es el punto de inflexión de una nueva era de paz que exige enterrar la ortodoxia. Es falsa esta premisa porque no estamos entrando a una nueva era de paz: el mayor generador de violencia en Colombia es el narcotráfico, y en vez de disminuir, el narcotráfico ha aumentado y va a seguir aumentando. Lo que se ha firmado en Cartagena es un Acuerdo con una parte de solo uno de los actores involucrados en el narcotráfico. Los otros actores, como el Eln y las bacrim (por no hablar de los bandidos que vienen pidiendo pista), de inmediato van a llenar el vacío que dejan las Farc. Es inexplicable que en el Acuerdo no se hubiera la guerrilla comprometido ni a devolver los sucios dineros del negocio, ni a confesar las rutas y contactos, ni mucho menos a revelar el papel que Venezuela ha jugado en el negocio.

¿Y concretamente qué es lo que piden los atolondrados analistas? Que se abandone la “regla fiscal”, que es una norma vinculante que establece determinados parámetros para el manejo del gasto público con el fin de garantizar la estabilidad macroeconómica de largo plazo y permitir la reducción del endeudamiento externo. “Pasarse por la galleta” la regla fiscal es abrir la puerta para que el déficit del Gobierno llegue nuevamente al orden de 6 % en 2019 y 2020, niveles cercanos a los de los años previos a la gran crisis fiscal de finales del siglo XX. Para el economista Javier Hoyos, “la situación de las finanzas públicas es compleja y tenderá a agravarse con las vigencias futuras y el desbordamiento del gasto. Mientras la inflación acumulada entre 2010 y 2016 es de 27,7 %, la deuda interna del gobierno nacional central creció 64,4 %, la deuda pública externa aumentó 73 % y los gastos de funcionamiento se incrementaron en 58,9 %”.

También piden los analistas endeudarse, sin tener en cuenta que las calificadoras de riesgo ya de hecho ven con recelo el que se haya dilatado la reforma tributaria. Una baja en la calificación soberana implicaría un aumento inmediato en el costo de la deuda y haría cada vez más difícil la tarea de conseguir nuevos recursos. Según las cifras del Emisor, a diciembre de 2015 la deuda bruta del Sector Público No Financiero (SPNF) llegó a 53 % del PIB, un incremento considerable, pues en 2012 esta deuda se encontraba en 38,2 % del PIB. La deuda neta pasó en este mismo período de 31,3 % del PIB a 46,6 %. Por donde se le mire, un mayor endeudamiento sin mayores ingresos es un suicidio.

Ortodoxia y seriedad en el manejo de la Hacienda Pública, que es lo que le ha permitido a Colombia, en medio de tantas crisis internas y externas, mantener la confianza de los acreedores y de los inversionistas. El Gobierno debe mantenerse firme y hacer oídos sordos ante los cantos de sirena de estos despistados.

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