Durante las últimas semanas, Rusia ha aumentado su ofensiva contra Ucrania, bombardeando infraestructura, centrales eléctricas y zonas residenciales. El Ejército ruso, desde sus protegidas posiciones en su país, hostiga sistemáticamente los lugares que abandonó forzado por la valentía y superioridad del Ejército ucraniano. No contento con bombardear sin misericordia a la población civil, Putin y otros altos funcionarios rusos han sugerido que podrían usar armas nucleares tácticas para defender las áreas anexadas de Ucrania. El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, asegura que existe un “enorme riesgo” de que un conflicto con armas convencionales entre potencias atómicas degenere en una guerra nuclear. Lo que el Kremlin le está diciendo al mundo es que los ucranianos, aparte de merecer un castigo ejemplar por haber osado defender su patria y no haber dejado que las fuerzas enemigas se adueñaran de su territorio, están conduciendo al mundo a una guerra nuclear. ¡Pocas veces la historia ha conocido cinismo igual!
El pasado domingo en El País, de España, en “El castigo a Ucrania”, el nobel de Literatura Mario Vargas Llosa escribía: “Esto no lo entiende Vladímir Putin, convencido como está de que Ucrania es parte de la Rusia tradicional y, como aquella ha cometido la insolencia de no dejarse ocupar por un ejército enemigo, ahora toma represalias y se asegura de que los habitantes de Kiev y de Ucrania pasarán un invierno terrible, en el que los viejos y los niños, es decir, las víctimas que no pueden defenderse, llevarán la peor parte… Debemos ir contra los supuestos que alienta Vladimir Putin: no olvidar a Ucrania, donde se está librando en estos momentos una lucha por la libertad de todo el Occidente. ¿O hay ingenuos que piensan que la agresión de Putin contra Ucrania acabará ahí, sin que el Ejército ruso intervenga en otros lugares?”.
Rusia está lejos de ser la potencia militar que tanto cacarea Putin. Buena parte de la munición la tiene que traer de Corea del Norte, y casi la totalidad de los drones suicidas que utiliza contra Ucrania se los compra a Irán. Putin, que ha sufrido la humillación de tener que acudir al Ejército de Bielorrusia para que lo saque de apuros, tiene a sus tropas tan desmoralizadas que cada día tiene más necesidad de acudir a mercenarios para pelear una guerra que no ha sido capaz de ganar. Yevgeny Prigozhin, oligarca ruso muy cercano a Putin, es el promotor del grupo Wagner, que funciona en Ucrania, África, Oriente Medio y América Latina. Wagner, que está compuesto por mercenarios asesinos sacados de las cárceles de Rusia, Siria y África (según datos de la inteligencia alemana, Prigozhin recorrió varias prisiones rusas para reclutar a 1.000 convictos que luchen para Moscú), se especializa, aparte de hacerle los trabajos sucios al Kremlin, en asesinar a civiles, realizar ejecuciones masivas y el saqueo indiscriminado.
Apostilla: Rusia, que asume ser la segunda potencia económica mundial, es solo la decimoprimera, con un PIB ligeramente superior al de Brasil. Tampoco se entiende el afán ruso de acaparar cada día más tierras. En cuanto al PIB/km² de área, Rusia es uno de los países más pobres del mundo. De hecho, el PIB/km² de Colombia triplica al de Rusia.