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¿Se está cocinando una tormenta perfecta?

Mauricio Botero Caicedo

27 de mayo de 2023 - 09:00 p. m.

El Ministerio de Minas y la ANH, durante el Congreso de Naturgas, presentaron el miércoles un panorama energético sombrío. En dicho informe se pone en evidencia que la autosuficiencia del gas es de 7,2 años, el nivel más bajo en 17 años. Y las reservas de petróleo son de 7,6 años. Los nuevos descubrimientos, tanto de gas como de petróleo, son insignificantes.

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El Gobierno, que estaba esperando estos datos para decidir si entregaba o no nuevos contratos petroleros, se mantiene en su posición de no adjudicar un solo contrato más. Dado que por ahora no hay alternativa diferente al uso de los hidrocarburos, el país tiene que entender que de aquí al 2030 no solo va a dejar de recibir los cuantiosos ingresos producto de la exportación de hidrocarburos, sino que las divisas que se generen por otros rubros se van a tener que utilizar en importar petróleo y gas. Si hubiera alternativas en el campo de la transición energética, el panorama podría ser menos opaco, pero la realidad es que no las hay. El Gobierno ha rechazado el 80 % de los nuevos proyectos de energías limpias y renovables porque no hay la estructura, subestaciones ni líneas eléctricas para recibir estas nuevas fuentes de energía. Fuera de eso, nuevos proyectos como el parque eólico Windpeshi, en La Guajira, han sido suspendidos al no vislumbrar posibilidades de su entrada en operación. La transición del parque automotor a eléctrico, incluyendo las motos, va a paso de tortuga. En el horizonte sencillamente no se ve cómo vamos a reemplazar los combustibles fósiles. Depender de Venezuela, un país inestable en lo político, social y económico, es suicida.

El caso del gas es especialmente preocupante. La cobertura del gas natural llega a 10,8 millones de hogares, de los cuales el 85 % pertenece a estratos 1, 2 y 3. En el entendido de que el gas es un combustible sucio y no renovable, seguir aumentando su consumo en los hogares y el transporte es de una inaudita irresponsabilidad. Muchos países, incluyendo Reino Unido, han tomado medidas para eliminar el uso del gas natural en las edificaciones, reemplazándolo por hidrógeno verde. Hace unas semanas el estado de Nueva York prohibió, a partir del 2026, las conexiones de gas natural y los combustibles fósiles en la mayoría de nuevas viviendas y otro tipo de construcciones. La medida cubre las estufas de gas, los hornos y las calefacciones de propano, aplicará para los nuevos edificios con menos de siete pisos y, a partir del 2029, en todas las construcciones.

Cuando las reservas de gas en el país difícilmente alcanzan siete años, promover el uso de gas natural en el transporte es especialmente irresponsable. Se debería prohibir el incremento de vehículos cuyo combustible sea el gas natural e iniciar la trasformación a electricidad o hidrógeno de los existentes. El poco gas que nos queda se debe utilizar exclusivamente para los hogares más pobres y las industrias indispensables, como son el acero, el cemento y los plásticos. Producir hidrógeno a partir del gas natural es de una inconcebible estupidez.

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Sin nuevas fuentes de hidrocarburos, ni una aceleración en la transición energética, añadido a una alta probabilidad de un intenso fenómeno de El Niño, lo que se está es cocinando en materia de energía es una tormenta perfecta.

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