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Si el fin es loable, los medios pueden ser ruines…

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Mauricio Botero Caicedo
11 de octubre de 2020 - 03:00 a. m.
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En mayo de 2016, cinco meses antes del plebiscito, el expresidente Álvaro Uribe alertó a los colombianos: “Uno de los temas que tendremos que invocar frente al plebiscito, para que los ciudadanos voten No o se abstengan, es que el Acuerdo de La Habana tiene impunidad abierta y disfrazada: abierta, porque el Gobierno aceptó que el narcotráfico sea conexo con el delito político; por ende, el cartel de cocaína más grande del mundo no tendrá cárcel ni serán extraditados; disfrazada, porque el Gobierno dice que sí habrá justicia para el caso de atrocidades, pero no porque a las Farc les bastará con reconocer a tiempo un delito atroz para no ir a la cárcel y para que les den plena elegibilidad política”. Las advertencias del expresidente Uribe se quedaron cortas: en realidad tampoco tenían que confesar a tiempo los delitos atroces. Lo podían hacer, como lo acaban de aceptar, cuando les diera la gana. La mayoría de los colombianos entendieron que se estaba fraguando una falsa paz y votaron negativamente el plebiscito, pero el gobierno de Santos, quien amenazó con el renacer de la “guerra urbana”, olímpicamente se pasó por la faja esta decisión. Con la inexplicable pusilanimidad de buena parte de la clase política y la manifiesta complicidad de algunos magistrados, el gobierno anterior impuso el criterio de que al ser la paz un fin loable, los medios para lograrla podían ser ruines. ¿Quién puede olvidar al flamante presidente de la Corte Suprema, el hoy prófugo de la justicia Leonidas Bustos, afirmando: “El derecho no puede ser un obstáculo para la paz, y ninguna institución jurídica puede ser una camisa de fuerza”?

En relación con la confesión por parte de las Farc de su autoría en el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, en entrevista con la periodista de Semana Salud Hernández Mora, el excelente periodista e hijo del asesinado líder, Mauricio Gómez, manifestó que hace cuatro años en La Habana lo que se negoció fue una “franquicia de la impunidad”. Y esa franquicia no fue firmada por los negociadores originales (De la Calle, Jaramillo, Pearl y Mora), a quienes hicieron a un lado, sino por una serie de aliados políticos de Santos, quienes partieron con la instrucción de firmar la paz, indistintamente del precio que los colombianos tuviéramos que pagar en el futuro. Y la prueba más fehaciente de que en La Habana los amiguetes del entonces presidente negociaron la total impunidad es el hecho, como lo menciona Mauricio Gómez, de que a las Farc les importa un pito atribuirse un asesinato más. Uno empieza a preguntarse: ¿no sería más fácil que las Farc confesaran a quién no han asesinado?

El problema es que si bien es cuestionable la figura de exasesino, no es posible configurar la de exvíctima. Los exasesinos están en libertad de construir sus propias y amañadas versiones de los hechos. Las víctimas no lo podrán hacer, en buena parte porque la señal del celular en el cementerio es muy débil, casi inexistente… Las peregrinas declaraciones del senador Carlos Antonio Lozada le recuerdan a uno la anécdota del general español Ramón María Narváez, militar y político que ocupó varias veces el cargo de presidente del Consejo de Ministros durante la mitad del siglo XIX. Se cuenta que, en su lecho de muerte, un sacerdote le dijo al general: “Hijo, has de perdonar a tus enemigos…”, a lo que Narváez contestó: “No tengo ningún enemigo, padre… los he mandado fusilar a todos”.

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diego(27572)12 de octubre de 2020 - 01:45 a. m.
"la mayoría de colombianos entendieron que se estaba fraguando una falsa paz": FALSO. la mayoría de colombianos no entendieron que fueron victimas de un astuto engano, fraguado por un astuto y falso ex presidente, alias el matarife
Hugo(25139)11 de octubre de 2020 - 07:12 p. m.
Igual a usted le importa un pito que las Farc confiesen sus crímenes, lo que quiere usted y todos los áulicos de Uribe es guerra y mas sangre. Por favor dejen que los colombianos tengamos un poquito de paz.
Atenas(06773)11 de octubre de 2020 - 07:06 p. m.
En efecto, al asumir su culpa en los seis asesinatos atroces q' ahora aumentan su prontuario de feroces crimenes en camino de total impunidad, ya no queda duda de cuán siniestro es Juhampa Santos, q' a ojos vista prosternó a nuestro Estado a objeto de abyecta sodomización, y compinche ha sido este medio q' aplaude y facilita sus trincheras pa q' se consume tal adefesio.
Julio(25062)11 de octubre de 2020 - 06:03 p. m.
Que criminales ,genocidas , periodistas o presidentes de gobierno invoquen el Derecho , la Libertad o la Democracia para perpetuar sus fechorías lo único que indica es que además de criminales son unos mentirosos . En lugar de perdonar prefieren golpear ; a la franqueza responden con falsedades y a las promesas ajenas con solemnes juramentos siempre incumplidos se olvidan de la palabra dada.
  • Julio(25062)11 de octubre de 2020 - 06:14 p. m.
    El periodismo , señor Botero , no debe abrazar el poder , ni ocultar , ni justificar sus crímenes . Al contrario , el periodismo genuino debe ser contrapoder .debe ser la voz de los que no tienen voz .Usted es tan hábil y embustero que cuando dice una verdad- si es que eso ocurriera alguna vez- se pone colorado de la pena.
Mario(24215)11 de octubre de 2020 - 04:38 p. m.
Y usted con què autoridad habla contra el narcotràfico en nombre de Álvaro Uribe siendo que èl, cuando fue director de la aerocivil, le autorizò todas las licencias a los aviones del narcotràfico, convirtiendose en la època dorada del narcotràfico.
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