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¿Terminará de vasallo de China?

Mauricio Botero Caicedo

01 de julio de 2023 - 09:00 p. m.

En febrero del 2022, con la finalidad de arrebatarle a Ucrania buena parte de su territorio, Vladimir Putin tomó la decisión de invadir a esta nación soberana e independiente. Prácticamente todo lo que ha hecho Putin a partir de esa fecha ha sido tan torpe y desacertado, que la invasión con toda certeza le ha sabido y le va a seguir sabiendo a cacho. Lo más sorprendente es que casi la totalidad de los serios problemas que hoy enfrenta Putin son de su propia cosecha. Sobrestimando las capacidades de sus fuerzas armadas y ante la imposibilidad de obtener contundentes victorias por medios convencionales, Putin amenaza con usar armas nucleares. También el sátrapa sobredimensionó el poder económico de los recursos energéticos de Rusia, en especial el gas natural, convencido de que en pocas semanas tendría a Europa arrodillada. No se dio cuenta este autócrata de que Europa, en vez de debilitarse, se fortaleció y, en vez de fragmentarse, está más unida que nunca. También asumió Putin que al mundo poco le iba a importar una escaramuza local, sin darse cuenta de que la violación de la soberanía territorial de un país demócrata le iba a granjear el rechazo de buena parte de la población mundial.

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Posiblemente el principal error de Putin, cuando inició su cobarde irrupción, fue utilizar mercenarios principalmente en vez de sus propias tropas. Putin, con sorprendente ingenuidad, le permitió al líder paramilitar Yevgueni Prigozhin ir a las cárceles rusas a reclutar asesinos a cambio de condonarles sus condenas. Prigozhin, un asesino incubado por el mismo Putin, llevaba varios años armando el grupo Wagner, un conjunto paramilitar que llegó a tener más de 50.000 combatientes. Entendiendo que Prigozhin es una rata posiblemente más sanguinaria y cruel que su valedor, a Putin sin vacilación se le puede aplicar el refrán de que al que cría cuervos eventualmente le van a tratar de sacar los ojos. Según el portal 20minutos, “para Putin, este ha sido el mayor desafío en los 23 años que lleva en el poder, una pesadilla que trató de apaciguar este sábado con una comparecencia en la televisión nacional para pedir el fin de una rebelión armada. Una “traición” y una “puñalada por la espalda” de Wagner que, sin embargo, tampoco ha tenido consecuencias para Yevgueni Prigozhin tras dar marcha atrás en sus objetivos”.

Es muy probable que este episodio no signifique, por ahora, el fin de Putin. Pero lo que también es muy probable es que no logre, ni de lejos, culminar su ambición de anexar a Ucrania, una nación de valientes que ha demostrado hasta la saciedad que no va a ceder ante la brutal agresión de los rusos. Entre las grandes ironías de la vida está el que Putin pretendió hacer de Ucrania un país vasallo… y el posible desenlace es que Rusia termine de país vasallo de la China.

Apostilla: solidaridad total con Catalina Gómez, Héctor Abad Faciolince y Sergio Jaramillo, quienes habían viajado a expresar su solidaridad con el pueblo de Ucrania frente a la bárbara e ilegal invasión rusa. Este cobarde ataque es la prueba irrefutable de que a Putin no le tiembla el pulso cuando toca asesinar a civiles.

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Nota: por razones de vacaciones del autor, esta columna no va a aparecer en las próximas tres semanas.

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