En ocasiones el autor de esta columna le cede parte de ella a un tercero. Hoy lo hacemos con Rafael Cuesta, un periodista ecuatoriano de El Noticiero de Guayaquil, que presenta una descarnada visión de lo que estamos atravesando en nuestro país:
“Lo que ocurre en Colombia, aun cuando no tiene causas iguales a lo ocurrido en Ecuador y en Chile en 2019, tiene el mismo formato: se encuentra un pretexto y se lo convierte en causa, luego en ideal y finalmente en grito de lucha. Generalmente se trata de medidas económicas o elevación de tarifas. En Chile, por ejemplo, se inició con el alza del valor de los pasajes del transporte público; en Ecuador fue por la eliminación del subsidio al precio de los combustibles; y en Colombia, por una reforma tributaria. En los tres países las medidas se derogaron. Sin embargo, las protestas continuaron, las provocaciones se fueron incrementando y empezaron los saqueos. En Chile incendiaron iglesias, en Ecuador un edificio público, en Colombia incendian estaciones de buses. El nivel de irracionalidad llega hasta un punto en que la Fuerza Pública actúa con rudeza y alguno de sus miembros termina matando a uno de los manifestantes, que en su mayoría son jóvenes entre 18 y 30 años. En ese momento obviamente se configura la violación del derecho contra la vida del fallecido, y el Gobierno es condenado internacionalmente por violar los derechos humanos. Es que efectivamente los viola, pero es casi imposible no violarlos por la violencia con que actúan los manifestantes, azuzados por activistas profesionales que precisamente buscan que los gobiernos caigan en la provocación y violen los derechos humanos de las personas que protestan, eso es lo que quieren, así funcionan. Luego de unos días la situación se calma, los manifestantes se retiran y empieza la campaña política contra el gobierno asesino, buscan un candidato, en este caso seguramente será el señor Petro. Consiguen financiamiento internacional y medio oscuro, ganan las elecciones, cambian la Constitución y buscan quedarse en el poder el resto de la vida. Ya lo vivimos en nuestro país, ¿lo recuerdan? Se llama Socialismo del Siglo XXI y tiene un protagonista escondido, Nicolás Maduro. Amigos colombianos, tengan mucho cuidado, están a punto de caer en las redes de un monstruo”. Creo que el diagnóstico de Cuesta es bastante acertado sobre lo que está pasando y va a pasar en Colombia. Difiero con el periodista en que creo que Maduro es un títere, no la cabeza, y realmente quienes manejan los hilos del paro son los cubanos bajo el mando del octogenario Raúl Castro. Quien quiera desenredar la madeja de la violencia necesariamente debe mirar en dirección a La Habana.
Apostilla. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, anunció el pasado martes su dimisión de todos los cargos y su abandono de la vida política. Iglesias, conocido como Coletas, afirmo: “Creo que es evidente que a día de hoy no contribuyo a sumar. No soy una figura política que pueda contribuir a que nuestra fuerza política consolide su peso institucional”. A Iglesias los madrileños le cobraron muchas cosas, siendo la principal su fariseísmo y doblez. Hijo de un barrio obrero de Madrid, Vallecas, Coletas decidió hace unos años mudarse a un chalet con piscina en uno de los barrios más elegantes y costosos de la ciudad. ¿No les recuerda a ustedes al “Señor de las Bolsas”, que habita en la urbanización más elegante de Cundinamarca?