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Una ley que no han podido derogar ni ignorar

Mauricio Botero Caicedo

22 de enero de 2023 - 12:02 a. m.

Desde hace meses, centenares de cocaleros volvieron a sembrar porque asumieron que en este Gobierno la tolerancia haría que los cultivos de coca, además de lícitos, fueran muy rentables. Sus sospechas se materializaron cuando, a mediados de diciembre del 2022, Petro, en la asamblea de organizaciones cocaleras del Catatumbo, afirmó que “los campesinos puedan seguir sembrando coca mientras prueban con cultivos sustitutos”. El que la permisividad de sembrar coca violara convenios internacionales y pusiera en serios riesgos las relaciones con EE. UU. tuvo al Gobierno sin cuidado, pero no previeron una ley que no se podía derogar ni ignorar: la de demanda y oferta. En entrevista el pasado domingo en El Tiempo, Felipe Tascón, nuevo director de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, reveló una incómoda verdad: “La realidad es que hoy no hay demanda de la coca; fenómeno similar en Tibú, Tumaco, El Tambo, en Cauca; y Puerto Asís, en Putumayo”. A la pregunta de ¿si los narcotraficantes no están comprando?, Tascón responde negativamente por la sobreproducción en los minifundios y porque los mismos carteles absorben su producción. En pocas palabras, para la demanda actual hay una sobreoferta de hoja de coca.

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Colombia es responsable de siete de cada diez gramos que se producen en el mundo, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Varios estudios estiman que el narcotráfico tiene un peso en la economía nacional que podría llegar al 2 o 3 % del PIB, lo que equivale de $26 a $39 billones. La UNODC estima que en 2020 se produjeron 1.010 toneladas métricas de cocaína pura, lo que significa un aumento del 8 % comparado con las 936 toneladas de 2019. Asumiendo que se mantuvo el mismo crecimiento del 8 %, la producción en el 2022 habría sido de 1.178 toneladas. Los carteles del narcotráfico, principalmente los mexicanos, siempre han buscado eficiencia y han ido adaptando muchas de sus prácticas a incrementar la productividad. Hoy con menos hojas de coca se produce más cocaína que antes: según la UNODC, por cada tonelada de hoja se extraen 2,14 kilos de pasta base de cocaína cuando en el 2016 se extraían 1,87 kilos. Si se asume que por cada tonelada de hoja de coca hoy se extraen 2,4 kilos de pasta, la producción es de un kilo de coca/ha./año, y que si de cada hectárea de coca se sacan 6,4 toneladas de hoja, anualmente la ha. produce 6,4 kilos de cocaína. Por ende, para atender un consumo mundial de 1.178 toneladas de cocaína, los carteles solo necesitan 184.000 ha. de coca. Se estima que a finales de julio del 2022 había 243.000 ha. en coca. Hoy puede haber fácilmente 300.000. Sobran entre 59.000 y 109.000 ha. de coca.

A medida que avance la productividad por hectárea y las técnicas de conversión de hoja a pasta, y de pasta a cocaína, se van a necesitar menos hectáreas. Indiferente a los anuncios inocuos del Gobierno, esa sobreoferta va a ir disminuyendo a medida que se ajuste la demanda con la oferta. A los carteles de la droga poco o nada les importa o afecta la llamada “paz total”. Siendo poco probable que en EE. UU. y la Unión Europea disminuya a corto plazo el precio de la cocaína, con la sobreoferta de coca existente muy seguramente los carteles no tendrán que pagar la hoja a $14.000 la arroba, sino a $4.000 o $5.000. La permisividad lo que ha hecho es arruinar al cocalero y triplicar las utilidades de los carteles.

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