“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? …el árbol malo da frutos malos”; Mateo 7:15-20.
Nada más torpe que la petición de los extremos de no votar en las consultas, o de ladinamente votar con el objetivo no de que un candidato gane, sino de que otro pierda. Este pérfido consejo no solo deslegitima el ejercicio de un derecho fundamental dentro de una democracia, sino que entorpece el que un resultado sólido en las consultas de la extrema izquierda y del centro derecha señalen quién debe ser el candidato preferido en ambas tendencias ideológicas. Francisco Santos, en su columna en la revista Semana, hace una recomendación que comparto plenamente: “Vota la consulta, haz sentir tu rabia, tu indignación y tu miedo. Es el momento de expresarlo. No te quedes en la casa, eso solo les sirve a Iván Cepeda y Gustavo Petro. Ellos, felices de que no vayas a votar. No les hagas el juego. Mi voto está claro, no desperdicies el tuyo”.
¿Qué es lo que la izquierda dura busca en estas elecciones? Su objetivo es elegir el suficiente número de congresistas que les facilite el tránsito hacía una Asamblea Constituyente, cuya principal finalidad —por no decir única— es que el poder ejecutivo, legislativo y judicial se concentre en las mismas manos, las de ellos naturalmente. Para este gobierno y para su candidato presidencial la separación de poderes es una talanquera que es necesario desaparecer a corto plazo. Esta izquierda recalcitrante y estatista pretende que el Congreso se convierta en una extensión automática del Ejecutivo: ¡con nuestro voto podemos frustrar la meta de estos extremistas que buscan acabar con la democracia representativa! La independencia de las ramas legislativa y judicial se ha convertido para esa izquierda en contrapesos institucionales, les obstaculizan la implementación de sus programas en salud, pensiones, justicia, reforma agraria, transición energética y sobre todo con el modelo económico estatista que sueñan con implementar en Colombia. Los politólogos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en su libro Cómo mueren las democracias, advierten que el debilitamiento democrático suele comenzar con la erosión gradual de normas y contrapesos, especialmente cuando mayorías legislativas eliminan límites institucionales. El analista político venezolano Moisés Naím sostiene que los líderes autoritarios modernos ya no destruyen la democracia de golpe, sino que la vacían lentamente desde dentro. En estas elecciones del domingo 8 de marzo votemos masivamente en favor de los demócratas que no tragan entero y que rehúsan el que el país transite por el camino que llevó a Cuba y a Venezuela al contundente fracaso económico y social.
Apostilla. El prócer cubano José Martí en su día afirmó, “conozco al monstruo porque he vivido en sus entrañas”. Las recientes declaraciones de Alejandro Gaviria (quien en su día fue uno de los más cercanos colaboradores de este gobierno) de que “este es el gobierno más corrupto de la historia”, le permite a uno caer en cuenta de que Gaviria, al haber vivido en las entrañas del monstruo, acierta en su juicio.