Cualquier neoyorquino con dos dedos de frente se daría cuenta de que una política insensata sería vacunar a la gente de todos los barrios de Nueva York, excepto a los de Harlem. Y sería insensata porque no hay nada más democrático que el COVID-19: no distingue entre ricos y pobres, blancos y negros, indígenas y mestizos. Si bien pareciera que todos están en el mismo barco, flotando en el mismo mar y enfrentando la misma tormenta, la verdad es que hay diferencias, ya que unos van en yate, otros en bote, varios en una piragua próxima a naufragar y la mayoría difícilmente tiene un chaleco salvavidas o un tronco. Como bien lo señala...
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