12 Jun 2021 - 3:30 a. m.

De cómo arruinar una buena idea

Hace poco publiqué un libro (El país de las emociones tristes) en el que defiendo la tesis de que en Colombia abundan las buenas ideas estropeadas por las malas emociones. Muchas de mis últimas columnas hablan de eso. Pues bien, también hay que decir que no todos nuestros pesares se explican por las malas emociones. Cuentan de igual manera los hechos brutalmente materiales, como la violencia, la injusticia o la corrupción.

Es el caso de la creación del Ministerio de Ciencia, fruto de una muy buena idea, pero arruinado por la mala política. La semana pasada el presidente Duque nombró como nuevo ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación a Tito José Crissien, que se desempeñaba como rector de la Universidad de la Costa. El ministro reemplaza a Mabel Torres, cuyo nombramiento causó incomodidad por recetar un brebaje basado en el hongo ganoderma a pacientes con cáncer, lo cual desconoce pasos fundamentales de la investigación médica. El nuevo nombramiento ha causado igual o peor incomodidad porque la universidad que Crissien dirige se ha visto involucrada en un plagio gravísimo que llevó al conocido grupo de publicaciones científicas IOP Publishing a retirar de su repertorio 23 artículos originados en esa universidad. Pero no es solo eso, Sergio Silva publica esta semana en El Espectador un artículo ponderado en donde muestra, con pelos y señales, cómo el mismo Crissien ha incurrido en plagio. La Academia Colombiana de Ciencias, por su parte, le envió una carta al presidente de la República en la que le expresa “su sorpresa y su desaliento ante la designación del señor Tito Crissien teniendo en cuenta su participación comprobada en el plagio de documentos académicos”.

Adicionalmente, hay indicios serios de que Crissien ha participado en una práctica académica nefasta y muy recurrida que consiste en obtener puntos por la publicación de artículos en revistas prestigiosas por medio de acuerdos entre colegas para que todos aparezcan como coautores de lo que cada uno investiga, con lo cual, sin haber necesariamente trabajado, se benefician no solo académicamente sino salarialmente. Es por eso que la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia (AvanCiencia), a propósito de Crissien, le envía una carta al presidente en la que le dice lo siguiente: “De nuestra experiencia de más de diez años liderando procesos de pares evaluadores en las universidades colombianas no hemos detectado investigadores con tal capacidad de trabajo multidisciplinario”. A juzgar por sus publicaciones, Crissien no solo acumula un dominio casi sobrehumano del vasto saber académico (desde las nanopartículas hasta la administración) sino también del mundo político, que parece ser, en últimas, la única razón que explica su nombramiento.

La creación del Ministerio de Ciencia, lo digo de nuevo, es una muy buena idea arruinada por el clientelismo. Si este fuera el único caso de un nombramiento errático en este Gobierno, uno podría preocuparse sin alarmarse. Pero no es así: el presidente Duque ha hecho de esa mala política una práctica y es por eso que hoy tenemos un Estado en el que abundan los funcionarios mediocres, indolentes y sin escrúpulos éticos.

Los científicos manifiestan su “desaliento” por los nombramientos en el Ministerio de Ciencia, pero la gente del común, que suele ser menos ponderada que los científicos, lo que siente es rabia e incluso ira contra el Gobierno y por ahí derecho contra las instituciones que representan. Así pues, los hechos materiales y las malas emociones se encadenan, pero el Gobierno parece no darse cuenta de que el brutal desprestigio que actualmente padece también estriba en eso.

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