28 Aug 2021 - 5:30 a. m.

“Job”, de Joseph Roth

Esta semana leí Job, una novela de Joseph Roth en la que se narran las desventuras de un judío ortodoxo ruso de principios del siglo XX, llamado Mendel Singer, que emigra hacia Nueva York en busca de un futuro mejor. Mendel está casado con Deborah y tienen cuatro hijos, el último de los cuales, Menuchim, nace impedido, torpe y con la cabeza demasiado grande. Un médico le recomienda a Mendel que lo lleve al hospital para que lo curen, pero como él solo confía en la voluntad divina (y en los rabinos) le responde que no, que Dios puede más que los médicos y que algún día lo sanará.

La novela de Roth recrea la célebre historia bíblica del santo Job, un ganadero rico y piadoso que vivía feliz, rodeado del amor de su esposa y de sus numerosos hijos. Pero su suerte cambia cuando Satán, convencido de que la fe de Job sólo se debe a su vida feliz, le pide a Dios que le permita poner a prueba dicha fe, cambiando toda aquella felicidad por una vida trágica. Dios acepta y desde ese momento toda suerte de males se precipitan sobre el pobre Job: muerte de sus hijos, pobreza, traiciones, desamor de su esposa, enfermedades, etc.

Mendel, el Job de Joseph Roth, cree que su destino está gobernado por Dios y por eso no cree en los médicos. Pero cuando su mujer y algunos de sus hijos mueren, cuando se le acaba el dinero y cuando la comunidad le pierde el respeto, su fe desfallece y un recóndito sentido de justicia se apodera de él: ¿cómo es posible, se pregunta, que esa sea la manera como Dios responde a mi fe, a mis oraciones y a mi abnegación? En ese momento reniega de su credo y se convence entonces de que Dios es como un jefe de policía grande y cruel: “Si cumples con las leyes dirá que solo lo haces para aprovecharte. Y si incumples uno solo de los mandamientos, te perseguirá con cien castigos”.

Cuando todo parece perdido, renace la esperanza, como en la historia del Antiguo Testamento. Su hijo enfermo, que se había quedado en Rusia al cuidado de una familia, reaparece convertido en un músico famoso después de haber sido curado por un médico. Mendel recupera la paz en su corazón y una vida confortable al lado de su hijo.

La fe consuela al viejo Job y le ayuda a soportar las adversidades de la vida. Se siente acompañado, respaldado, pero nunca está seguro de su futuro porque sabe que Dios castiga por igual a los buenos y a los malos. Al creer que la salud y la enfermedad solo dependen de Dios, asiste, pasivamente, al ingreso de la tragedia en su vida. La fe es su antídoto contra la desesperanza, pero también es el inhibidor de su esfuerzo, atrofia su voluntad y su libertad.

El ser humano siempre ha vivido entre el fatalismo religioso (o ideológico) y el arresto para sobreponerse a las adversidades; entre la decisión de poner el destino en manos de un poder sobrenatural, lo cual da confianza y paz interior, y la decisión de asumir ese destino como propio, con todo lo trágico e incierto que hay en ello, pero con la posibilidad de cambiar el curso de las cosas.

Joseph Roth escribió este libro (y otros como este) para mostrar lo difícil que es transitar desde una sociedad tradicional, gobernada por el fatalismo, hacia una sociedad moderna en la que los individuos asumen su destino como propio. Hoy, un siglo después del Job de Joseph Roth, aunque con rasgos diferentes, seguimos enredados en la misma transición. Ahí está el encanto y la actualidad de este libro.

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