La solución siempre urgente del conflicto entre Israel y Palestina parece haberse opacado en los últimos años por el potencial destructor del Estado Islámico en Siria e Irak y con tentáculos que causan un fuerte impacto en Europa. La crueldad para llevar a cabo la guerra, y el resurgimiento de la disputa entre suníes y chiitas ocupan la atención de las grandes potencias y líderes regionales. A esto se suma el acuerdo nuclear con Irán, que pone fin a un ciclo de disputas, y puede cambiar la gobernanza nuclear global, así como sentar las bases para la inserción de Teherán en el sistema internacional. Entretanto, y por iniciativa de Francia, se acaba de anunciar una reunión preliminar que tendría por objeto relanzar un proceso de paz entre israelíes y palestinos.
El ministro de Relaciones Exteriores Jean-Marie Ayrault terminó una visita a Israel y a los Territorios Ocupados, en la cual se entrevistó con Benjamín Netanyahu y Mahmud Abas, en lo que serían los contactos previos para una conferencia internacional prevista para el 30 de mayo. Una novedad que no debe pasar desapercibida: en la reunión no habría presencia de representantes palestinos o israelíes, esto con el fin de avanzar en condiciones mínimas que permitirían retomar el diálogo dejando de lado inamovibles de fondo. En cambio, habría presencia del cuarteto compuesto por EE. UU., la ONU, Rusia y la Unión Europea, y algunos representantes de la Liga Árabe y estados que pudieran facilitar los acercamientos.
Israel ha respondido ambiguamente a la iniciativa francesa, poniendo en duda su imparcialidad. Esto a propósito de la resolución votada por París y adoptada en la Unesco el 14 de abril, que busca proteger el patrimonio cultural palestino. Dicha decisión fue mal percibida en Israel, que ha utilizado el tema de la conferencia convocada por Francia para denunciar su malestar al respecto.
Resulta apenas obvio que, mientras Netanyahu sea primer ministro, será difícil pensar en un escenario similar a los Acuerdos de Oslo, que permitieron avanzar como nunca en la idea de una solución de dos Estados. El poco involucramiento de EE. UU. en el tema y el surgimiento de otras inquietudes en el plano regional retrasan más la puesta en marcha de una diplomacia al servicio de la paz.
Palestina, dividida y aislada, tampoco cuenta con un margen de maniobra suficiente como para presionar la activación del diálogo, frecuentemente interrumpido o atrasado por la intolerancia de Netanyahu, enemigo de la idea de un Estado para los palestinos. Vale señalar, no obstante, que el interés que expresamente ha mostrado John Kerry en la iniciativa francesa hace prever un último intento de la diplomacia de Barack Obama por allanar el camino de un proceso de paz antes de que culmine su mandato. Estados Unidos es el único país con la fuerza suficiente para presionar a Tel Aviv y lograr compromisos serios de su parte. Los países europeos y árabes aún cuentan con una influencia sobre Israel, uno de los estados que más desafían valores que definen a la humanidad. Para la iniciativa francesa, por tanto, resulta indispensable el apoyo de Washington.
* Profesor de la U. del Rosario.