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7 Apr 2022 - 5:00 a. m.

De Montonero a millonario (II)

En 1972, Rodolfo Gabriel Galimberti era principal emisario de Perón en Argentina y preparaba el regreso del general desde su exilio. En el debate ideológico dentro del peronismo se alineó con la vertiente socialista que respaldaba la lucha armada. Por esa época viajó a Libia a entrevistarse con el coronel Kadhafi: quería proyectiles Sam 7 para los Montoneros. En el Líbano fue recibido por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Mientras tanto, en Argentina ocurrió la masacre de Trelew. Varios líderes guerrilleros se habían fugado de un penal en la Patagonia, llegaron a la base aeronaval de Trelew y secuestraron un avión hacia Chile. Pero 19 prisioneros más, que los acompañaban, cayeron. Unos días después fueron fusilados por la Marina. La dictadura de Lanusse quería impedir el velorio. En un operativo salvaje la policía se llevó los féretros. Perón mandó un mensaje contundente. Esa juventud sería cada vez más violenta para responder a los ataques del gobierno.

Montoneros comenzó a aglutinar organizaciones de extrema izquierda. Se cocinaba el retorno del general. Galimberti lanzó una arenga incendiaria. “Los que tienen piedras, que lleven piedras, y los que tengan algo más que lleven algo más. Quienes no vayan al aeropuerto deben tomar las fábricas, las facultades, los barrios”. Cayó sobre él una orden de captura por apología del delito.

En noviembre de 1972 Perón llegó a Buenos Aires pero el cerco policial lo obligó a quedarse en un hotel cercano al aeropuerto, alejado de sus seguidores. Su cortísima estadía fue suficiente para sentar las bases de su regreso y el retorno de la demoracia. El creciente protagonismo de Galimberti en Montoneros lo alejó del general. Le propusieron presentarse a las elecciones como diputado, pero rechazó la oferta: “la clave de la toma del poder en toda revolución es la síntesis entre las masas y las armas”.

En marzo de 1973 el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) se impuso en las urnas. Triunfó la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. Los moderados habían logrado limar asperezas y conciliar posiciones antagónicas, pero Galimberti siguió promoviendo milicias armadas. Su discurso, considerado demasiado radical incluso por algunos Montoneros, llevó a que lo marginaran del peronismo. Como la izquierda radical buscaba participación burocrática lo consideró un obstáculo.

Las diferencias ideológicas dentro del peronismo afloraron. En la posesión de Cámpora, Salvador Allende y el enviado castrista animaron gritos como “Chile, Cuba, el pueblo te saluda… Se van, se van y nunca volverán”. La tendencia revolucionaria del Frejuli se tomó varias dependencias públicas y colocó varios ministros. Galimberti y otros radicales rechazaban las políticas anunciadas por moderadas, “burguesas capitalistas”.

La Juventud Peronista dio a conocer un documento redactado por Galimberti. Se reconocía el liderazgo de Perón pero se debían trasladar las instancias de decisión política hacia las bases, “al poder organizado del pueblo”.

El 25 de mayo de 1973 una multitud se dirigía a la cárcel de Devoto en Buenos Aires. Gritaban “reviente quien reviente, libertad a los combatientes”. Se temía que los más de tres mil presos se amotinaran. Habían roto rejas e incendiado colchones. Cámpora entregó el proyecto de amnistía que había prometido. Con los presos políticos en libertad, el presidente firmó el indulto. La ley de amnistía se sancionó 24 horas después.

Las contradicciones dentro del peronismo se agudizaban. Alcanzaron su máximo el día que Perón debía aterrizar en Ezeiza. Casi un millón de personas iban a recibirlo. Había un palco para su discurso, pero la extrema derecha saboteó el evento con matones encargados de que los Montoneros no se acercaran. El locutor del acto era el cantante Leonardo Favio, quien, con los primeros disparos, aclaró: “No se preocupen, son cohetes, fuegos artificiales. No pierdan la calma, compañeros”. Era la primera vez que la derecha peronista atacaba directamente copartidarios de izquierda disparando con armas largas. Poco después caía el gobierno de Cámpora.

El ala izquierda del peronismo anunció retaliación. En septiembre, Perón ganó las elecciones con Isabel, su esposa, como vicepresidenta. A los dos días Montoneros ejecutó un líder sindical. Había confusión: algunos culparon a la CIA y otros al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Ya con Perón en el poder, Galimberti se destapó. En un conflicto laboral con acuerdo empantanado llegó con matones. Sacó al gerente de la reunión y con un revólver en la cabeza le ordenó: “si no reincorporás a los obreros y les pagás los sueldos, te vuelo la tapa de los sesos. Ahora”. El clima estaba insostenible. Las Tres A comenzaron a amenazar y asesinar dirigentes de izquierda y luego a cualquier sospechoso de comunista, bolche o trostsko.

El 1 de mayo de 1974, Día del Trabajo, Perón cortó definitivamente con la izquierda. La juventud gritaba contra Isabel y evocaba a Evita. El presidente trató a los Montoneros de “mercenarios e infiltrados” y estos abandonaron la Plaza. (Continúa…)

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