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La red de mujeres poderosas al servicio del presidente

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Mauricio Rubio
06 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
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En el agobiante ocaso del Gobierno del Cambio, con pesada mochila de escándalos de corrupción, se esperaba que Gustavo Petro ya no sorprendiera ni generara más rechazo. Aunque defender de las acusaciones a su círculo cercano para endilgarle la culpa a sus enemigos ya era usual, el “macrocaso” de las hermanas Guerrero y otras mujeres influyentes en la contratación con entidades estatales cayó cual tsunami. Al ataque enemigo le agregó una variante: los inescrupulosos eran los empresarios engañados que corrompían su administración. Ahora se sabe que tras un modesto cobro inicial por atender una cita, las intermediarias exigían 200 millones de pesos para mover hilos e incidir en los procesos contractuales con 10 % por el éxito del trámite e indicaciones para ocultar lo recaudado.

Hubo reacciones del clan Petro a la banda de timadoras. “No es un sex symbol, yo lo veo hasta feito”, afirmó su hija Andrea. “No defiendas lo indefendible”, le recomendó Mary Luz Herrán, exesposa. Hurgando el oscuro trasfondo, el patriarca trinó que “la cercanía política no la mido por la belleza sino por la coherencia… Llevan años tratando de construir relaciones sentimentales mías con mujeres hermosas… La mujer hermosa inteligente asusta a los hombres débiles de mente y guía la fuerza femenina”.

Juliana Guerrero entró al Gobierno por la Oficina de Transparencia. Allí llegó recomendada por un profesor universitario que conoció en movilizaciones estudiantiles. Con su hermana Verónica compartieron “espacios de trabajo en las campañas al Congreso y a la Presidencia del Pacto Histórico, en el 2022” y él les ayudó, repartiendo sus hojas de vida, pues aseguraban ser desplazadas. Poco después el mismo maestro “empezó a ver desfilar a Guerrero por varias entidades con pinta de millonaria” y terminó pidiendo investigar las denuncias de Angie Rodríguez, directora de Fondo de Adaptación del Minhacienda, contra el presidente ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara.

En febrero de 2025, cuando en un concejo de ministros presentó a Juliana, Petro destacó su curriculum: “Juliana es un poco joven, digamos, pero muy activa, rebelde, como las juventudes que nos hicieron ganar las elecciones”. Inicialmente, se le reprochó la presunta compra de títulos profesionales. Petro la nombró representante en la junta de una entidad de educación superior. Después, o antes, había otras “favoritas” cuyos nombres apenas se empezaron a conocer. Una pregunta pertinente es quién y con qué mecanismos se reclutaban las encargadas del esquema de “coima ligera” con el que se logró “acceso emocional a los representantes del poder”. Faltan años de reportería independiente para tener una idea sobre los entresijos de este melodrama.

Otra inquietud es por qué el presidente jugó tan sucio. “Tiene que ser muy corrupto para poner a robar a las novias”, me comentó un colega desconcertado. Una respuesta rápida es que Petro confiaba que Cepeda ganara las elecciones, garantizándole impunidad. Sería ingenuo pensar que las maniobras navales y la presencia de personas cercanas a Trump antes y durante las presidenciales fueron irrelevantes. En lo que aún yerra ingenuamente el líder del Pacto Histórico es negándose a aceptar que el mundo cambió. Así lo revela su último y lacónico viaje al extranjero, a “un lugar vital para la soberanía nacional y la lucha por la vida en el Caribe: la Cuba agredida”. También advirtió “cómo ahora la agenda diplomática colombiana se reducirá a los dictámenes de Tel Aviv”. Cultivando con esmero la tirria no sólo de Trump sino de cualquier demócrata, Petro insiste en apostarle al lado autócrata de la historia. Aún no calibra el desprestigio de los Castro o Maduro y mucho menos de tiranos lejos del vecindario.

No habrá que escarbar demasiado el pasado del romántico ejército emancipador que le sirvió al patético Aureliano de escudo para sus desmanes. Darío Villamizar, ex M-19, destacado investigador y analista del conflicto armado, relata varios esfuerzos del grupo por contactar a Muamar Gadafi, formalmente señalado por EE. UU., Reino Unido, Francia e Italia como patrocinador del terrorismo internacional y luego asesinado en la Primavera Árabe. “En 1983 el M-19 lideró una delegación de dirigentes guerrilleros latinoamericanos para proponerle a los libios que apoyaran un ejército insurgente continental; participaron Bateman, Pedro Pacho y La Mona” con representantes de otros países. “Gadafi estaba impresionado, ofreció todo su apoyo”.

Tanto o más que la geopolítica, lo que realmente ha cambiado es la intolerancia con el machismo y la misoginia de los gobernantes. Ya entonces el trato de Gadafi hacia las mujeres fue uno de los elementos que más dañaron su imagen y contribuyeron a su caída, sobre todo por la incoherencia entre el discurso oficial de emancipación femenina, su Guardia Amazónica y el hecho escueto que, como muchos sátrapas, “gobernaba con el sexo”.

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