22 Jul 2021 - 5:00 a. m.

Realismo mágico peruano

Mauricio Rubio

Mauricio Rubio

Columnista

El jueves 12 de septiembre de 1992, fue capturado Abimael Guzmán, cabecilla de Sendero Luminoso. Esta agrupación terrorista habría matado unas 70.000 personas. Al parecer su líder estaba protegido por Vladimiro Montesinos y otros sátrapas.

El Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) detuvo al Presidente Gonzalo en una casa donde funcionaba como fachada una academia de danza dirigida por una senderista. Dos agentes del GEIN rondaron el sitio fingiendo ser una pareja enamorada, aprovecharon la salida de un músico con una bailarina y respaldados por otros agentes sorprendieron a Guzmán. El operativo Victoria fue el principio del fin del grupo terrorista.

“¡Cayó Cachetón!” exclamaron anunciando el éxito de la misión. Guzmán fue llevado a la sede de la Dirección Nacional Contra el Terrorismo donde Ketín Vidal, un antiguo detective, había sido nombrado director el año anterior transformándola por completo. El GEIN, con poco personal, trabajaba “sin recursos, sin equipos, sin ninguna calificación técnica… Había un solo baño para 600 personas”. Los apagones cotidianos obligaban a usar velas. Vidal buscó apoyo del sector privado. Reconoce que la CIA preparaba a los agentes de inteligencia, pero aclara que sin recursos ni tecnología esa ayuda era insuficiente. Tomó la decisión de adquirir un sistema de comunicaciones “independiente, propio, que no estuviera adicionado al de la Policía”. Era indispensable “trabajar con mucha secretividad los operativos”. Así, creó una rueda suelta dentro de los servicios de inteligencia, de cuyos movimientos no se enteraba la cúpula del aparato estatal, léase el presidente Fujimori y su maquiavélico asesor Vladimiro Montesinos, a quienes el operativo final contra Abimael Guzmán tomó por sorpresa. Hay quienes señalan que George Bush se enteró antes de la captura.

En una entrevista, Ketín Vidal resumió la reacción oficial ante la captura. Montesinos quiso confirmar con él lo que había oído en las noticias. “Se sintió muy mortificado y colgó el teléfono”. Vidal se comunicó con Palacio y le dijeron que no era fácil hablar con el presidente pues estaba fuera de Lima. Pidió que lo llamaran y entonces Montesinos volvió a contactarlo para decirle que Fujimori ya estaba enterado. Poco después apareció el jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército asegurando que tenía órdenes para llevar a Guzmán al Pentagonito, el Cuartel General del Ejército. Vidal se opuso. “Le dije que eso no iba a ser posible… yo era el responsable de la vida de Guzmán y lo invité a retirarse. Lo hizo”. Él mismo aclaró su reticencia para entregarlo. “En el trayecto podían haber pasado tantas cosas. Chocar contra un auto, accidentalmente. Guzmán podía morir. Las FF.AA. tenían su propia metodología que no coincidía con la nuestra. A Guzmán no se le puso ni un dedo. Fue un trabajo civilizado”.

Semejante audacia molestó al funesto y corrupto poder peruano y a los políticos que a partir de allí empezaron a ignorar y desprestigiar a Vidal. Cuando el Congreso quiso reconocer a los responsables del operativo Victoria, Vidal no hizo parte de los homenajeados. Tranquilo, reiteró que él fue el artífice de la captura del cabecilla senderista, pero aclaró que nunca buscó reconocimiento, pues solo “cumplió con su deber”.

Como parte de la mala racha de Vidal, el periodista Carlos Paredes publicó en 2006 el libro “La caída del héroe” poco después de recibir en México de Gabriel García Márquez el “galardón más importante del periodismo en lengua castellana”. En su investigación, basada en “documentos, expedientes judiciales, cintas de audio o de video y testimonios” muestra los vínculos de Vidal con el narcotráfico “el crecimiento de sus propiedades inmobiliarias pese a su magro sueldo de policía jubilado, su vieja amistad con el corrupto Vladimiro Montesinos y el haberle quitado la mujer a uno de sus subalternos”. Algunos hechos posteriores pondrían en entredicho la versión del laureado Paredes.

El 24 de junio de 2001, en un barrio pobre de Caracas, las autoridades capturaron a Vladimiro Montesinos. Algunos vecinos se preguntaban atónitos a quién habían detenido. Solicitado por la Interpol, era uno de los hombres más buscados en Latinoamérica. Cuando finalmente quedó recluido en la Base Naval de Callao, el ministro interior peruano, Ketín Vidal, supuesto amigo y compinche de nefasto zar de la era fujimorista, dio detalles de su captura. La operación Jaque Mate empezó en Miami con la detención por el FBI de José Guevara, exagente venezolano de los servicios de seguridad, cuando pretendía retirar dinero de una cuenta secreta de Montesinos. La policía terminó negociando la entrega a cambio de una recompensa para repartir con sus otros cómplices.

¿Hubo encubrimiento de las autoridades venezolanas? “Eso lo dirá el tiempo”, respondió Vidal. Tal vez en el futuro también se aclare si el galardón de García Márquez al controvertido reportero Paredes fue otro de los mandados políticos que le hizo a Fidel Castro.

Nota. Agradezco a Carmen los datos básicos sobre Ketín Vidal

Ver más…

Temas relacionados

Perú
Comparte:

Inscríbete a Nuestros Newsletter

Despierta con las noticias más importantes del día.
Al registrarte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Para tener acceso a todos nuestros Newsletter Suscríbete